martes, 1 de abril de 2008

CAÍN Y ABEL [16] - por Rafo León

EL CHORO
Puta’on, estaba soñando mostrazo que vivía dentro del desagüe con Flatulencia y tocábamos y todos los mojones bailaban, choche, igualito al último concierto en Los Reyes Rojos, compadre, la caca haciendo pogo y todo el sistema alienado asustadazo. Oe, era bacanazo porque después del concierto en el desagüe, puta’on, todos nos quitábamos al Palacio de Gobierno a computar un grupo metalero que tenía de vocalista, oe, a Alan García, choche, y puta’on, cantaba un tema contra los banqueros y Bedoya, con mi viejo y mi vieja a los costados, puta’on, hacían un coro con el estribillo “y va a caer, y va a caer”, puta’on, y los banqueros se mandaban su pogo y todo era, oe, puro sistema alienado de los metaleros y los pitupunk, porque terminaban todos cantando “tengo una vaca lechera”. Puta’on, justo cuando seguía el sueño con la respuesta que daba Flatulencia, oe, siento una huevada en la cara y abro los ojos. Puta’on, tenía una pata con media en el cachete, choche. Puta’on, ajusté bien mi foco de luz y computo a un patita que entraba por la ventana que está junto a mi catre, ¿manyas? Puta’on, cuando el choro ampayó que yo me había despertado, sacó una punta y me la puso en la garganta, puta’on, y con el dedo me hacía "shhh". Puta’on, cuando lo miré bien, me di cuenta que el choro era el Huevo Pérez, choche, un pata del barrio que era buenazo en guitarra eléctrica y computaba cómo grabar bien las maquetas, pero oe, entró al pastel y mancó, choche, puta’on, sólo empezó a vivir para sus tolas. “Huevito”, le dije, y el loco me contestó bajito que si hacía roche me daba vuelta. Puta’on, no me conocía el Huevo, choche, porque en ese momento, oe, él era un subterráneo quitando sus riquezas al sistema alienado capitalista y si fuera comunista también alienado, choche, a pesar de que en mi jato no hay riquezas sino huevaditas nomás. Puta’on, me levanté del catre y le dije que lo iba a ayudar en su chamba, oe, y el Huevo casi se raya porque lo empecé a guiar a donde pudiera encontrar huevadas para poner al palo, choche; puta’on, yo no le entro al pastel pero me vacila la destrucción del universo, ¿manyas? Puta’on, fui a la cocina y le traje la bolsa del pan para que metiera, oe, las tabas lustraditas y las medias nuevas de Abel; puta’on, después entramos de puntitas al cuarto de mis viejos donde nos alzamos el radio y después abajo la licuadora y un cenicero de la sala. Puta, cuando estábamos buscando más, oe, encontré la botella de ron que mi viejo encaleta para chupar sin que mi vieja lo joda. Puta’on, Huevito, le dije, vamos a tirar trago y déjate de huevadas. Oe, al toque se sentó en la sala y a oscuras empezamos a acordarnos de antes y puta’on, nos emocionamos y compusimos juntos un tema de puta madre, choche:

Puta’on, estábamos cantando a gritos, choche, y en eso bajó Abel diciendo que lo raptaban y detrás de él mis viejos, puta, con las escobas para agarrar a palazos a Huevito, puta’on, una pobre víctima del sistema, y se armó un chongazo mostrazo, puta, pero después fue bien tranca explicárselo al tombo que vino…



¡Qué horror, santo Dios, lo que hemos tenido que pasar en mi hogar! Todo porque el gobierno ha quitado el toque de queda y estamos expuestos a que pase cualquier cosa, señor. Fíjese, yo estaba soñando plácidamente una cosa maravillosa. Se trataba de que mi santa madrecita se divorciaba de ese hombre que es mi padre y formalizaba nuevo compromiso con Bedoya, señor, el único ser que tendría derecho a ser su esposo por la dignidad que tiene, y se casaban en una ceremonia maravillosa, religiosa a pesar de estar divorciados, pero en mis sueños todo vale, ¿ya? Bueno, y después de la boda nos íbamos donde cada uno de los banqueros, esos señores tan decentes que han visto violar sus legítimos derechos, a devolverles sus bancos porque Bedoya no era Presidente sino Rey del Perú, igual a esas cabezas coronadas que salen en los Hola que mi madrecita compra de segunda mano en el mercado. Bueno, y en la noche de bodas el Rey Bedoya y la Reina me invitaban a su cama para que les escriba poesías como ésta:

Linda mi poesía, maravilloso mi sueño, hasta que me desperté porque sonó la ventana del cuarto y qué cree que descubro cuando abro los ojos, señor, a un cholo horrible con un puñal amenazando a mi mellizo. Casi muero, santo Dios, pero mi instinto de conservación hizo que me quedara calladito y me hiciera el dormido. Pero me fleté una conversación entre mi hermano Caín y el ladrón que me pareció demasiado. Caín lo trataba como a un igual porque era su amigo del barrio, y yo me quería morir porque me sentí expuesto a que el delincuente me violara. Por eso me seguí haciendo el dormido e hice una mueca bien fea, no fuera a ser que mi rostro de ángel bueno despertara en el insano sus bajas pasiones. Después el par de salvajes salieron a robar íntegra mi casa, los artefactos eléctricos, los muranos, la platería, las joyas de mi madrecita, no contentos con haberse llevado mis pertenencias más íntimas. Pero yo, erre con erre, haciéndome el dormido porque mi integridad era lo que más me interesaba en ese momento. Cuando sentí que estaban por la cocina, en ese momento me levanté y de puntitas entré al cuarto de mi madrecita, y cuál fue mi espanto cuando descubro que ese hombre que es mi padre estaba durmiendo encima de ella, presionándole con su cuerpo el único seno que le queda, porque, señor, estaban durmiendo desnudos. Felizmente que yo les tenía que comunicar lo del ladrón porque con ese pretexto le di unas duras palmoteadas en la espalda a ese hombre hasta que se despertó y dejó libre a la autora de mis días. Cuando reaccionaron les expliqué en susurros lo que estaba pasando. De inmediato ese hombre que es mi padre empezó a desarrollar un operativo de seguridad magnífico mientras mi progenitora y yo cantábamos bajito los himnos a la virgen que nos enseñan en la parroquia. De pronto sentimos que en la sala sonaba algo así como uno de esos espantosos conciertos de los que participa el Caín, mellizo mío por desgracia. No podía creer que ese hermano se hubiera puesto a cantar con el ladrón, lo único que se me vino a la cabeza era que me iban a secuestrar para pedir rescate y bajé hecho una noche a pedirles que no traigan desgracia al hogar, seguido de mi madrecita y ese hombre con palos de escoba, listos para protegerme. Cuando llegamos a la sala efectivamente estaban bebiendo juntos y cantando cosas horribles. El policía que después trajo ese hombre que es mi padre no entendió nada y se fue, dejándonos con el terror en casa…

Fuente:
¡No!, suplemento humorístico del semanario (Lima), Nº 27, págs. 6-7, ago. 24 de 1987. Las caricaturas son obra de Juan Acevedo.

CAÍN Y ABEL [17] - por Rafo León

LA LOCA «TORREJA» Y EL MITIN DE VARGAS LLOSA

Puta’on, ¿tú computas a la rayada que vive al fondo de mi quinta? Oe, la loca Torreja, esa que sus viejos no la dejan salir porque le mete pollos a todo el mundo y que, puta’on, en las noches se la pasa gritando que ella es, puta, la dueña de Santa Beatriz y se caga de risa. Puta’on, el otro día me estuve vacilando con ella, chochera, oe, el día que mis viejos y mi mellizo se quitaron al mitin de Vargas Llosa, puta, yo me quedé solo en el jato y me tiré en la cama a pensar en la maqueta que estamos haciendo con Flatulencia y además en un huevo de cosas, chochera. Oe, pensaba que la vida es una cagada, puta’on, que mi vieja tiene miedo de que le nacionalicen el televisor y mi viejo su carcocha. Puta’on, y el que más se caga de pánico es el ganso de Abel que, oe, ha escondido en el fondo del ropero una caja con su chompa, su rosario y cincuenta lucas para que el gobierno no le quite, choche. Puta’on, me estaba dando una depre mostra y en eso escucho un gritó así: “¡Viva yo, viva la reina del barrio, ja, ja, ja, ja, ja!”. Puta’on, y lo repetía como mil veces hasta que me asé y salí a hacer callar a la loca Torreja. En eso me cae un pollo en la cara y veo a Torreja que desde su ventana me saluda con la mano. Tenía una cara súpervacilona y dije, me cago en este sistema alienado de mierda, y me zampé por la ventana al jato de Torreja. Puta’on, llegué hasta la puerta de su cuarto y la abrí, choche. Oe, la loca parecía una chola punk, compadre, con la cabeza que era un chongo y apestando a mierda, puta’on, podía ser fácil la solista de cualquier grupo subterráneo y me sentí bacán. Puta’on, Torreja estaba sola en su jato porque sus viejos estaban con los míos en el mitin, entonces le dije a la loca para salir a la calle a vacilarnos. Puta’on, me contestó que hacía un huevo de años que no veía sus propiedades y nos quitamos, choche. Puta, fuimos donde el Chino Aurelio y le convidé una Fanta. Puta, todo el mundo en el Chino se asustó con la loca cuando empezó a escupirles gaseosa y yo me cagaba de la risa. Después la llevé a la parroquia y el cura Joaquín se asó porque ella se subió al altar y le cagó la misa porque arriba se puso a cantar y a bailar merengue, choche. Puta’on, después fuimos a la esquina y nos quedamos hablando huevadas hasta que apareció Caca Verde y después la Pocha Caracha y nos empezamos a cagar de frío. Fuimos a mi jato, saqué el ron de mi viejo de su escondite y nos pusimos a tocar. Puta’on, hice un tema mostrazo:

Puta’on, estábamos ahí vaciladazos y en eso se abre la puerta: era mi familia alienada por el sistema que regresaba de su huevada, choche. Puta’on, mi viejo estaba chato, mi vieja pálida y el ganso parecía la novia de Vargas Llosa. Puta’on, pero se les acabó la cojudez cuando computaron a Torreja. Abel se metió bajo el sillón porque le tiene miedo y mi vieja la botó con el agua caliente del thermo. Puta’on, vinieron los viejos de Torreja, la amarraron con las tiras de una sábana y se la llevaron, puta’on, y ahí se acabó otro vacilón de Flatulencia…


Ay señor, qué divino, qué divino estuvo todo hasta que apareció el salvaje de Caín en mi vida. Bueno, estuve en el mitin de Vargas Llosa, con decirle que me hizo acordar todo el tiempo al profesor Beltroy, el distinguido señor que me enseña música en la escuela y piano en su residencia. Sólo que Vargas Llosa es un poco más joven y con una mirada dura y tierna que me enloquece, señor. El que me convenció para ir fue justo el profesor, me dijo que este gobierno totalitario nos va a quitar todas las propiedades y se va a comer a los niños, así que hice mi escondite para mis bienes y empecé con la campaña en casa. Ese hombre que es mi padre estuvo de acuerdo porque en la empresa en que se desempeña como vendedor de libros están asustados, le digo, ay señor. Bueno, y a la santa madre que me concibió sí me costó trabajo convencerla, ella me decía que es una mujer de su casa, sin intereses políticos y sin riquezas que perder, pero le dije que si no iba, ese hombre que es mi padre se iba a encontrar en la manifestación con una secretaria de su empresa que se muere por él, y ahí mi madre aceptó de inmediato, señor, porque ella es tan amorosa como celosa. Bueno, señor, el viernes por la noche nos juntamos con unos distinguidos vecinos de Santa Beatriz y tomamos el carro que nos dejó en Carabaya. Llegamos con mucho esfuerzo a la plaza, porque había muchísima gente, toda también de lo más distinguida, y nos dieron banderitas y vinchas. A ese hombre que es mi padre la vincha le quedaba de lo más ridícula pero cuando se puso a gritar “Vargas Llosa es otra cosa”, ya se compuso. Mi santa madrecita parecía una virgen, toda tristecita, sin atreverse a gritar, hasta que la vecina con que fuimos le dijo: “grita, chola, yo igual no sé que hago acá pero es diversión para los pobres”. Ahí se animó un poco y yo lloraba de la emoción de ver a toda esa gente de los barrios más exquisitos que se habían puesto sus mejores galas para ir a vivar por la libertad, señor. Nos ubicamos cerca de la entrada de La Colmena, no muy apachurrados porque yo suspiraba de los nervios de que nos mojara el rochabús. Ese hombre que es mi padre se encontró con otros de su empresa y empezaron a beber cerveza hasta que se embriagaron y sus gritos eran más entusiastas, señor. Lo único que no me gustó fue que un hombre se colocó detrás de mi madrecita y con el cuento de la manifestación empezó a sobársele. Yo ya le iba a acusar a ese hombre que es mi padre cuando salió Vargas Llosa y empezó a hablar y yo casi muero de la emoción. Todo fue maravilloso y el profesor Beltroy, que estaba cerca de nosotros, se emocionó tanto que ya no gritaba las cosas que nos habían dicho sino otras como “Vargas Llosa es un churrote”, fíjese. Bueno, regresamos en el micro con los vecinos y cuando llegamos a la casa sentimos desde la calle una bulla infernal. Todos supusimos que era el brutal de Caín con sus espantosos amigos haciendo sus porquerías como siempre. Para que mi madrecita no se pusiera mal le pasé un papelito con un verso lindo que yo había escrito durante la manifestación:

Bueno, señor, y casi fallezco de pánico cuando dentro de la casa vi a la loca Torreja, esa demente del barrio que es una desgraciada. Me tuve que meter debajo del sillón, mientras el salvaje de mi hermano se reía como un diablo. ¡Qué diferencia con toda la belleza y distinción que habíamos visto en el mitin…!

Fuente:
¡No!, suplemento humorístico del semanario (Lima), Nº 28, págs. 6-7, ago. 31 de 1987. Las caricaturas son obra de Juan Acevedo.

CAÍN Y ABEL [18] - por Rafo León

CON LA POCHA CARACHA

Puta’on, mi vieja se quitó de viaje a Chimbote y mi viejo, oe, puta’on, se borró durante tres días del jato y, oe, sólo venía tarde para jatear porque se está cepillando a una cocha de su chamba. Puta’on, mi jato se convirtió en total liberación. Puta’on, mi vieja se quitó asadaza, tuvo que ir a Chimbote porque su hermana, puta’on, mi tía, se enfermó y mi vieja le encargó a mi mellicito Abel que hiciera de ama de casa, y el ganso no se quitó el mandil ni para cagar, choche. Puta’on, pero se armó un chongazo porque el sistema alienado no deja que los cholos punk, choche, los subterráneos, puta, hagamos el sexo libre, oe, la represión del sistema alienado quiere que todos seamos como Abel, que pagó pato por el vacilón que armamos la Pocha Caracha y yo y se cruzó con el té de cochas que él organizó y todo fue un cague de risa. Puta’on, el sábado estábamos con Flatulencia ensayando en la azotea del edificio de Menstruación Aguirre y el ensayo estaba como la puta madre, choche. Puta’on, estábamos improvisando temas sobre cómo los coches bomba son una cagada frente, oe, a lo que podemos hacer los anarquistas, y yo me había bajado tres chatas de ron y, puta’on, me empezó a entrar una arrechura mostra porque me vacila como loco computar a la Pocha Caracha cantando que la caca es vida, y, puta’on, perdí el control, me cagué en el ensayo y le dije a Pocha Caracha para quitarnos a nuestro jato para seguir el vacilón. Pocha Caracha no cree en nadie y, oe, me dijo que bacán, para vengarnos de los sucios sinchis. Llegamos al jato, saqué la caleta de ron de mi viejo y subimos a mi cuarto. Puta’on, estábamos huascas y empezamos a cagarnos de risa rebuscando, oe, los cajones de Abel y pintándole trolas a sus fotos de artistas. Puta’on, después nos cayó el huayco y nos tiramos en mi catre a joder al sistema alienado. Puta’on, estábamos empezando y siento, oe, que Abelito llega de la calle cantando los nenes con los nenes. Empezamos con Pocha Caracha a cagarnos más de risa. Puta’on, no computábamos nada y le grité a Abel que subiera. Choche, llegó al cuarto y se cayó de culo al suelo, puta, franco, cuando vio a Pocha Caracha en calzón y a mí calato y al palo, choche, y peor que nos cagábamos de la risa. Puta’on, empezó a cantar cantos de iglesia y creo que se rayó porque no dijo nada más y se bajó a la sala diciendo “tías, no está mi hermano, debe haberse ido a estudiar, así que tomamos lonche nomás nosotros”. Puta’on, con Pocha Caracha nos mandamos un polvo que, oe, sonó como la puta madre, y mientras más sonaba, puta’on, abajo Abel gritaba más para que las cochas no escuchen. Puta’on, cuando acabamos el bacilón nos cayó la depre y nos pusimos a improvisar un tema nuevo para la maqueta de Flatulencia:

Puta’on, seguíamos ahuevadazos mientras abajo Abel y las tías tragaban como la puta madre y nos dio hambre. Puta’on, como estábamos chatos nos olvidamos de vestirnos y nos bajamos calatos, choche. Puta’on, ahí sí que se armó un chongo que no lo hizo ni Syd Vicious cuando se corrió la paja en un concierto. Choche, yo le di beso a todas la cochas y Pocha Caracha también y no computamos que las cochas empezaban a llorar y a rezar no sé qué huevada. Mi mellizo Abelito se rayó, choche, porque agarró las fuentes de sanguchitos y empezó a tirárnoslas encima, puta’on, gritando que iba a llamar, oe, a la DIRCOTE para que nos lleven a Lurigancho, puta, y en ese momento llegó mi viejo y, oe, hasta ahora no entiendo por qué se empezó a cagar de risa de todo y se puso a chupar con Pocha Caracha y conmigo, puta’on, mientras las cochas se quitaban corriendo y Abel pidió permiso para quedarse donde mi tía Edith hasta que regrese mi vieja…


Horror, espanto, Apocalipsis, qué le puedo decir, señor, en relación a lo que el salvaje de mi mellizo ha hecho en casa aprovechando la penosa ausencia de mi santísima madrecita que Dios me dio. Fíjese, es una historia tan horrible que de sólo contársela me siento como una mujer en su periodo. Todo empezó cuando la santa madre que es mi madre tuvo que viajar a la bella ciudad de Chimbote, donde radica parte de su distinguida familia, porque su hermana, mi tía Ofelia, se puso muy grave y en cualquier momento entrega su ser al seno del Señor. Antes de viajar mi sacra madre se preocupó tanto de tanto, señor, que la casa, que ese hombre que es mi padre no se meta con otra, que la bestia de mi mellizo, etcétera, etcétera. Pero yo le di toda la confianza del mundo de que el hogar iba a marchar como un anís, sin imaginarme el horror que me iba a hacer pasar el Caín. Bueno, apenas ella se fue, hice la lista de las comidas para todos los días, y fíjese cómo es la gente de desagradecida que ni ese hombre que es mi padre ni mi mellizo venían nunca a almorzar y la comida se me quedaba, señor. Bueno, me encargaba al regresar del colegio de hacer las camas, barrer, planchar y me daba mi tiempo para ver Cuerpo a Cuerpo, igual que mi adorada progenitora; era cómo si yo fuera ella, señor, una sensación de lo más maravillosa, hasta me imaginaba estar en la cama con ese hombre que es mi padre y tener que aceptar con asco esas cosas que dicen que hace la gente casada cuando está junta. El sábado pasado, sin embargo, todo cambió y cundió el caos en mi hogar. Yo había decidido hacer un tecito para mis tías y primas más queridas, sin ningún motivo, señor, sólo por organizar algo que a mi madrecita siempre le hubiera encantado hacer pero no puede por falta de plata, pero yo había conseguido unos ahorritos gracias a las economías que pude realizar. Le pasé la voz a mi tía Carmelita y sus hijas, la Ceci y la Patty. También a mis tías solteras Elsa y Normita, que son mellizas como Caín y yo. Por último a mi prima segunda Yolanda y su hijita Mery. Preparé un queque de dos huevos, compre Dorina y diez panes franceses y hasta una botella de gaseosa de a litro, fíjese señor. Ya casi a la hora tuve que ir al chino a cambiar la Dorina porque la que compré estaba aguachenta y qué le digo, cuando regreso de nuevo a la casa, siento en los altos unos ruidos de lo más raros. Era la voz de Caín pero también había la de otra persona y decían barbaridades que no puedo repetir y que ni siquiera entendía. En eso el Caín me llama, yo subo y que cree que me encuentro: a la asquerosa flaca que es su enamorada en prenda íntima sentada en la cama de mi hermano, y a él completamente desnudo y así, cómo le digo, con esa cosa toda dura, matándose de la risa y la botella de alcohol en la mano. Le juro que perdí el conocimiento y sólo se me vino a la mente componer una plegaria:

Pero al momento me repuse porque me llamaba el deber y además justo sonaba el timbre. Puse mi mejor cara, como si nada pasara y bajé a abrir. Ay, eran todas, y mi tía Normita me traía un budín para completar el té. Yo temblaba como una hoja de que el Caín hiciera alguna barbaridad, y mi espanto fue justificado porque justo cuando estábamos hablando de los colegios de los chicos, la flaca y él bajaron sin ropa y se creó el infierno. Mis tías gritaban, Yolanda le tapaba los ojos a Mery y yo perdí el control. Para colmo llegó ese hombre que es mi padre, totalmente bebido, y se solidarizó con los salvajes, tanto que se sentó con ellos a seguir bebiendo mientras mis invitados vomitaban del espanto. Con decirle, señor, que para huir del horror estoy durmiendo en el cuarto de la muchacha de la casa de mi tía Edith.

Fuente:
¡No!, suplemento humorístico del semanario (Lima), Nº 29, págs. 6-7, set. 7 de 1987.

CAÍN Y ABEL [19] - por Rafo León

«ASCO», EL PERRO DE CAÍN

Puta’on, en mi jato hay un nuevo bacilón que se llama Asco y también Pupé, choche. Oe, yo estaba jateando mostro, soñando con nada, todo negro, y puta’on, empiezo a sentir una cosa caliente en mi mano, chochera. Puta’on, empecé a alucinar que era Pocha Caracha que venía para el cepille y grité fuerte ¡Pocha! Y se armó un chongo, oe, mi mellizo Abel casi manca del bobo, y prendí la luz y era un perro bacán, choche, chuscazo, color caca, que me lamía y me lamía la pata. Abel no sé por qué estaba asado, como celoso, chochera, y me insultó, dijo que el perro me lamía la pata porque no me la lavo nunca. Puta’on, yo ni lo oía baciladazo con el perro, y ya imaginaba que lo podíamos incorporar a Flatulencia porque seguro canta mejor que Pocha Caracha. Al toque le puse un nombre, así como poético, oe, Asco, y lo llamaba, Asco, Asco, Asco, y el perro se me trepaba al catre y hasta sonreía, choche. Puta’on, al día siguiente sí iba a ir al Bartolo porque me tenía que encontrar con Caca Verde para darle una maquetas. Puta’on, me levanto y Asco seguía conmigo, me siguió al ñoba y me acompañó a cagar y me baciló saber que Asco tampoco, oe, atraca con las estúpidas costumbres de la sociedad burguesa capitalista alienada, esas de lavarse y bañarse y toda la huevada, choche. Puta’on, el guardián de la puerta del Bartolo, el cholo Camerún, oe, no quería dejar entrar a Asco. Puta’on, tuve que amenazarlo con que si seguía jodiendo le iba a acusar al director que él sapeaba a los chibolos cuando se cambiaban y hasta les ofrecía tronchos con tal que se dejen tocar la pieza. El cholo atracó y todo el Bartolo me computaba con Asco al lado, que, puta’on, se ponía hecho un pincho cuando alguien se acercaba a joder, chochera. De puro bacilón me metí a la clase de música y el profesor Beltroy se puso a llorar como un chibolito porque, oe, justo cuando estaba cantando una música clásica, entro yo con Asco y mi perro se le abalanza a Beltroy y lo muerde en el cachete, chochera. Puta’on, todo el salón menos Abel empezó a aplaudir y se acabo la clase, compadre. Puta’on, desde ese día paro siempre con Asco y lo he metido a Flatulencia. Con Mojón Gonzáles hicimos un tema que es mostro, dedicado a Asco, y cuando lo empezamos en los conciertos, oe, sale Asco y se pone a ladrar fuertazo, puta’on, y la canción agarra una onda súper realista, choche, manya:

Puta’on, lo único que me jode es que Abel se le ha prendido a Asco y lo trata como a una muñeca, choche. Oe, mi perro se ha estado quejando, puta’on, llorando en las noches, compadre, y él es mejor que un ser humano, oe, merece, puta’on, que se le trate bien, choche, que mi vieja tampoco lo joda porque se caga en su cama, chochera, puta’on, mi Asco es libre, no está contaminado por el sistema, él hace lo que le bacila y eso le da envidia a los alienados, compadre, como mi viejo, que el otro día le sacó la mierda. Puta’on, llegó mi viejo al jato y encontró a Asco cepillándose el ajiaco que mi vieja le había guardado a mi viejo en el horno, apagado porque está cagado, y, puta’on, mi perro recibió un patadón en los huevos que casi lo mata, choche; puta’on, al toque vino a buscarme llorando y yo me asé y fui a hablar con mi viejo pero estaba asadazo y me mandó a la mierda. Mi vieja, oe, también me había mandado a la mierda por Asco, y Abelito no me hablaba. Puta’on, todo el sistema contra mí. Me quité con Asco al parque y los dos nos pusimos a aullar hasta el día siguiente…


Ay señor, qué le diré, mi hermano mellizo es tan cruel conmigo que hasta me arrebató a mi mascota. Definitivamente el salvaje de Caín no me perdona que yo sí haya mamado de mi santa madrecita que Dios me di, y él no porque la Providencia decidió ponerle a ella un cáncer en el pecho y tuvieron que extirpárselo, qué historia. Bueno, la otra nochecita yo estaba haciendo la tarea de historia universal, sobre los griegos, y me sentía de lo más emocionado con los troyanos, me parecían hombres así como brutotes pero tan seguros de sí mismos, fíjese. Así, estaba volando mi pensamiento por el mar Egeo y siento un ruido en la puerta de calle, como si la rascaran. Al inicio me asusté porque si hay algo a lo que le tengo pavor es a la violación, y con tanto degenerado que anda suelto, tanto terrorista, en fin. Bueno, me hice el zonzo y empecé a cantar la última de Camilo Sesto, que me fascina. Al ratito otra vez, ay dije y me fui al ropero de mi madrecita para esconderme adentro, en el único lugar donde me siento protegido, oliendo a su ropa. Pero se me ocurre mirar por la ventana y veo a un coquetón perrito que rascaba y rascaba la puerta. Me conmoví hasta las lágrimas, parecía una película de la televisión, ¿no? Fíjese que superé mi miedo inicial, fui y le abrí la puerta. Tenía una cara de hambre el pobre. Lo primero que hice fue prepararle un poco de pan con agua y le convidé una lata de atún que me robé de Caín, ¿no ve que es lo único que él come? Pero entre perros quedaba la cosa, ¿no? Devoró el pobre. Después de comer se subió al sillón del salón principal de la residencia y empezó a dormir. Yo adiviné los deseos de mi madrecita de tener una mascota y decidí que se quedaba en casa, grave error que verá después, si hasta los perros me traicionan. Bueno, lo primero, ponerle un nombre. Me copié el nombre del perrito del profesor Beltroy, un fino y lindo y coquetón perrito blanco que se llama Pupé, que en francés significa muñeca, según me explicó mi querido profesor de música en la escuela y de piano en su domicilio (loa sábados y gratis). Bueno, Pupé. El muy tonto parecía no estar nada contento con el nombre porque no respondía a él, pero igual yo insistí, claro, dándole sus correazos porque la letra, señor, con sangre entra ¿no? De ahí, lo principal para un perro de buena familia, bañarse. Puse agua a calentar (fíjese el trabajo que me di) y llené la batea roja. La instalé en el baño con bastante jabón de pepa, ese que usa mi madrecita para lavarse el pelo porque dice que es mejor que cualquier cojín. Empecé a llamarlo, Pupé, Pupé, pero parece que se las había olido. Tuve que amarrarlo con la correa y meterlo a la fuerza. La vecina de la casa de enfrente se asustó tanto con los gritos que vino aterrada a decir que si Flatulencia empezaba a ensayar en mi casa, ella traía a la policía. La tranquilicé y seguí con mi labor. Una vez que Pupé estuvo seco (con la toalla que usamos todos, fíjese ah), lo empecé a mirar y lo noté todavía desgreñado: eran las orejas. Las tenía entre paradas y caídas, seguro producto de su fino pedigrí. Pero no me gustaban. Cuando vine con la tijera, Pupé salió hecho un diablo. Al final me dio pena cortarle las orejas y opté por ponerle un par de Pili y Mili atándoselas. No le gustó pero peor iba a ser que se las cortara. Ay, señor, mi paraíso se acabó cuando Caín me arrebató a Pupé. Esa noche el perro desgraciado decidió irse con mi mellizo porque los dos son unos cerdos asquerosos. Fíjese que estábamos durmiendo y de repente una gritería de volverse locos, era el Caín que se había despertado con las caricias de Pupé, y él creyó que era otra cosa. Cuando al día siguiente los vi caminando juntos, ay, eran idénticos, hasta el mismo color. Juré no tener más una mascota y escribí esta poesía desgarrada:

Bueno, desde ese día, la verdad, me he dedicado a hacerle la guerra a esa porquería de animal, le pongo ganchos de ropa en su cosa, le pego con el recogedor. Odio por igual al perro y a mi hermano, y amo cada día más a esa mujercita adorable que Dios me dio por progenitora.

Fuente:
¡No!, suplemento humorístico del semanario (Lima), Nº 30, págs. 6-7, set. 14 de 1987.

CAÍN Y ABEL [20] - por Rafo León

EL DESALOJO
Puta’on, en mi jato se armó el hongo atómico, chochera, puta, por culpa del sistema alienado en la persona de, oe, la dueña del jato, que es una cocha horrible, compadre, con las patas chuecas, sin culo y una cara, puta’on, que parece el chino Pipilitonga de Risas y Salsa, chochera. Puta’on, estábamos con Flatulencia ensayando en mi cuarto el viernes por la tarde, oe. Puta’on, estaba mostrazo el ensayo con los temas de una nueva maqueta que vamos a grabar con Podredumbre. Puta’on, la maqueta va a rayar en La Nave de los Prófugos, oe. Puta, es como una ópera rock con la historia de un pata que nace en el desagüe, desde chibolo aprende a correr tabla encima de un mojón y es feliz. Puta’on, un día viene una collera de metaleros en un río de orines y le dan vuelta porque el pata era cholo, chochera. Puta’on, los patas del patita deciden vengarse y, puta, arman un grupo que se llama Tu Vieja También Esputa (abreviado como Tu Vieja), y se arma una guerra bacán pero sólo de música, oe, porque los lorchos no eran violentos. Pero, puta’on, igual, con las armas de la música ganan y expulsan, oe, a los metaleros y estos cabrones, puta’on, alienadazos por el sistema, forman un movimiento que se llama Libertad y deciden aniquilar a toda la indiada, pero no van a poder, puta, y no te cuento el último tema, que es la cagada, para que compres la maqueta, chochera. Puta’on, estábamos en el tema del Mojón Cariñoso y en eso oigo a mi vieja que pega un grito horrible, chochera, y al toque otro grito igualito de mi gemelo Abel. Puta’on, pensé que era la telenovela y seguimos tocando. Pero al ratito otra vez, mi vieja y me hermano gritaban, ay guardia no sea malito, vea que somos una familia decente. Puta’on, en eso veo que Abel entra al cuarto hecho una pichula, abre su cajón, saca su botella de agua de azahar y se zampa la mitad, mientras, puta’on, abajo seguían los gritos, mi viejo acababa de llegar y también gritaba así: "¡vieja concha de tu madre, no te vas a salir con la tuya!". Puta’on, al toque computé que nos estaban desalojando porque debemos dos años de alquiler, compadre. Oe, decidí que con Flatulencia podíamos hacer justicia, puta’on, igual que en nuestra ópera rock, puta, con las armas de la música, ¿manyas? Les dije a Flatulencia que íbamos a tener un concierto con nuestro tema más agresivo y bajamos. Puta’on, en la sala mi vieja estaba arrodillada en el suelo con Abel rezando, mientras mi viejo, oe, se estaba mechando con un tombo. Otros dos tombos ya habían sacado a la calle los sillones de la sala y, puta’on, empezaban con el comedor, y la dueña horrible no paraba de hablar huevadas, choche. Puta’on, toda la quinta estaba afuera y nos pareció un escenario mostro para este tema:

Puta’on, cuando íbamos por el bis 20, choche, la dueña del jato ya estaba desmayada y los tombos se nos venían encima para detenernos. Puta’on, pero no contábamos con que la loca Torreja, oe, la vecina rayada que es un pase de vueltas, se iba a escapar de su jato. Puta’on, venía con las ollas llenas de agua sucia para tirarle a los tombos y se armó la batalla campal, oe, Flatulencia y Torreja contra los tombos. Puta’on, armamos tal chongo que la vieja, oe, la dueña del jato se asustó porque los tombos le estaban cagando la fachada de la casa y ya habían tirado una puerta abajo, puta’on, y le dijo al juez que retiraba la demanda y el concierto siguió festejando el triunfo de la música de Flatulencia.


Ay, Señor de la Clemencia, Virgen del Perpetuo Socorro, la que nos ha tocado vivir, señor, a los Gonzáles Fernández, familia decente y distinguida de Santa Beatriz. Claro, la culpa es de ese hombre que es mi padre por incumplido, incapaz de pagar el alquiler durante dos años, gastándose la plata en mujeres y en bebida, mientras palpita de la pena el corazón de la santa madre que Dios me dio, ahí detrás del único seno que la Providencia le dejó (para desgracia de mi gemelo Caín). Bueno, señor, fíjese, el viernes pasado por la tardecita yo estaba con mi madrecita zurciendo medias, sobre todo las de Caín y las de ese hombre que es mi padre, porque mis pies de algodón no destruyen medias. Mientras laborábamos, con mi madrecita conversábamos de cosas tan divinas, oiga. Le hice contar a ella como cinco de veces el momento de su alumbramiento, cuando vio a Caín todo hinchado y sanguinolento y se echó a llorar, en cambio yo, limpito y rosado, ávido de lactar y capaz de hacer volver la sonrisa a los labios de la mujer más dulce del universo. En eso, el timbre. Salimos los dos juntitos a abrir la puerta, siempre preguntando antes quién es, ¿no? Bueno, preguntamos y una voz de hombrón contestó, ¡el juez!, y de inmediato, la voz inconfundible de la dueña de casa que se deshacía en un rosario de lisuras. A todo esto, el conjunto del asqueroso de mi hermano tocaba sus mugres encerrados en mi cuarto, la confusión era general. Mi madrecita me dijo que venían a botarnos del hogar, a poner nuestras cosas en la calle. Cerramos la puerta con doble llave y pusimos, con un esfuerzo enorme, el sofá de la sala para trancarla. Mientras tanto no parábamos de gritar, hasta que a mí me dio el ataque y tuve que ir a buscar mi agua de azahar porque sentía que la vida se me estaba escapando, qué horror. Cuando bajo me encuentro que ese hombre que es mi padre había llegado, pero ya los brutotes de la policía habían tumbado la puerta y sacaban a la calle nuestras pertenencias, qué injusticia, fíjese que toda la vecindad, que estaba arremolinada, se tuvo que enterar de que nuestro sofá no tiene patas traseras y lo sujetamos con ladrillos, la vergüenza máxima. Bueno, cuando vimos con mi madrecita que la batalla estaba perdida, señor, empezamos a usar el último recurso, el de la oración, y fíjese que dio resultados. En momentos así mi inspiración se suelta y soy capaz de componer cosas como ésta:

Así son los milagros, pues. No habíamos terminado la oración cuando el salvaje del Caín aparece con sus harapientos compañeros, convertidos en soldados de Cristo dispuestos a luchar por nuestra causa. Yo no lo podía creer, y cogí fuertemente de la mano a mi madrecita, en el máximo de la complicidad por haber conseguido el milagro del Perpetuo Socorro. Bueno, yo estaba dispuesto a ver el milagro pero no el horroroso espectáculo de violencia que se venía. Agarré y me fui corriendo a meterme bajo la cama, y qué cree que me ocurre, pues de tanto trajín se me salió la pichi y me sentí tan mal que fui a buscar a mi santa madrecita, justo al momento en que la demente de la casa del fondo de la quinta, esa que me da pánico, se aparece a apoyar a mi gemelo en la batalla. Yo estaba tan mal que empecé a comprender a la dueña de casa, pobre, ella qué culpa tiene, una mujer tan noble que reconoció su error y retrocedió, sin saber seguro que todo eso era obra de mis oraciones a la Virgen del Socorro…

Fuente:
¡No!, suplemento humorístico del semanario (Lima), Nº 31, págs. 6-7, set. 21 de 1987.

CAÍN Y ABEL [21] - por Rafo León

LA BORRACHERA DEL VIEJO DE CAÍN

Puta’on, ayer por la noche se armó el chongazo en mi jato y la huevada me sirvió para componer temas recontramostros, chochera. Puta’on, yo estaba en mi cuarto con Caca Verde oyendo la última maqueta de Sexo Brutal, oe, y mi vieja me llamó a comer. Puta’on, el Caca se quitó y yo bajé y estábamos en la mesa, puta, y yo lo jodía al Abel con el nuevo peinado que se ha hecho, oe, con raya al costado, y mi vieja se puso a llorar porque Abel también se había puesto a llorar. Puta’on, las debilidades del sistema alienado, compadre. Oe, en eso se abre la puerta y entra mi viejo recontra chato, choche, puta’on, se caía al suelo y tenía en la cara una marcaza de lápiz de labio, puta’on, y del bolsillo del saco le salía un calzón verde, compadre. Puta’on, seguro venía de donde su hembrita, oe, una cocha bigotuda que chambea con él y que mi viejo se caga por ella. Puta’on, a mí me lo ha contado mi mismo viejo esa vez que también llegó zampado y con Cochinada Tasayco le zampamos pepas para la lora en el trago y se pasó hablando hasta las diez de la mañana del día siguiente, choche. Puta’on, yo computo todo lo que pasa en mi jato, compadre, por eso soy un cholo punk súper mosca, ¿manyas? Puta’on, cuando mi vieja computó lo del lápiz de labio y el calzón, compadre, se puso a gritar fuertazo jalándose los pelos y el Abel la seguía igualito, choche. Yo comía mi grated de atún de la lata y pensaba en que el gobierno fascista del APRA se va a encontrar un día con los subterráneos y se va a armar la guerra civil, choche, para que mueran todos los alienados, bien bacilón, choche. Puta’on, en eso mi vieja agarra un azucarerazo de la mesa y se lo avienta a mi viejo en la mitra, compadre, y él se cayó al sillón, se levantó, agarró el sillón y se lo aventó a mi vieja. Puta’on, la pata se le metió a Abel al ojo y mi hermanito, oe, se meó, chochera, se meó de miedo. Puta’on, mi vieja siguió con la mechadera, gritando que él era un cabrón que en su cama no hacía nada y que se iba a otra cama a satisfacer sus necesidades, y juá mierda, le voló un plato con ajiaco que le cayó a mi viejo en el culo y le manchó todo. Puta’on, yo empecé a pensar en los patas de La Nave de los Prófugos, puta’on, en los bacilones juntos y en la música mostra, choche, mientras Abelito agarraba el periódico y le daba golpes a mi viejo en el brazo. Mi viejo se cagaba de la risa, choche, de los periodicazos, hasta que le cayó en la nuca el cuadro del Corazón de Jesús. Puta’on, cuando mi viejo rompió la pata de la radiola y se le iba encima a mi vieja, yo computé que era lo máximo y me mandé con esta improvisación:

Puta’on, impuse la rayadera total, porque mientras cantaba, oe, toda la quinta se acercó y empezó a computar por la ventana y a gritar y en eso mi viejo se acerca a mi vieja, la aprieta, le da su jeteada y empieza a paletearla. Puta’on, el Abel casi manca, choche, porque mi vieja al comienzo se resistía pero después empezó a bacilarse hasta que se quitaron corriendo a su cuarto y desde afuera escuchabamos unos gritos bien bacilones. Puta’on, tuve que echarle agua fría en la cabeza a Abel para que reaccione y de ahí me quité a buscar a Flatulencia para pasar la vida bajo la noche violenta…


Ay, Señor mío Jesucristo, qué poco me falta para meterme al convento o tomarme diez Mejorales para no ver lo que esta vida me obliga. Fíjese que tengo el ojo morado, todavía me duele el brazo de tanto dar periodicazos y, sobre todo, tengo el alma de luto por todo lo que ha pasado en el hogar ayer. Mire, yo estaba de lo más tranquilo, doblando la ropa limpia con la santa madre que Dios me dio, en eso llegó la hora de comer. Yo bajé a calentar el delicioso y fino ajiaco de papas que mi madrecita había preparado con sus sagradas manos.

También tuve que abrirle la lata de atún al Caín, porque él es incapaz de mover un dedo. Luego nos pusimos a cenar los tres, a la espera de que llegue ese hombre que es mi padre, porque las ocho es su hora de venir al hogar. Cuando en eso, ay Dios, se abre la puerta y entra ese hombre que es mi padre totalmente bebido, qué vergüenza. Pero lo peor es que llevaba encima las señales de haber estado haciendo obscenidades con alguna mujer, seguro esa vieja horrible que mi madrecita odia a muerte, una que se llama Doris y que trabaja como secretaria en la misma compañía de ese hombre que es mi padre. Ay, sentí una indignación mortal cuando vi sus mejillas todas manchadas de rouge, así son los hombres, y además, una prenda femenina íntima saliéndole del bolsillo del saco para el pañuelo. Era un salvaje, gritaba que esta vida era un burdel, palabra que desconozco pero que seguro es una cochinada, así son de sucios ese hombre que es mi padre y mi mellizo Caín, cortados con la misma tijera. Yo de inmediato sufrí un ataque de dispepsia y me puse a expeler gases de forma incontrolable, señor, así es mi organismo de sensible, pero eso le daba más cólera a ese hombre que es mi padre. Mi santa madrecita estaba fuera de sí y se defendió con uñas y dientes y también con la azucarera de oferta de Ña Pancha que pesa horrores, señor. El otro animal salvaje agarró uno de los finos muebles del salón y lo aventó, una pata le cayó a mi santa madrecita en el lugar del seno que no tiene porque se lo llevó la Providencia, y la otra pata dañó mi ojo color esperanza, inflingiéndome un dolor intolerable que me llevó a soltar el esfínter de la vejiga y, como se dice, me oriné, qué vergüenza. Y hablando de vergüenzas, lo peor de todo no era tanto la situación violenta, eso se puede arreglar dentro de casa, sino que toda la vecindad se tuvo que enterar y se aparecieron en la ventana como si fuera el programa de Ferrando. Todo el mundo metía su cuchara, unos de parte de mi sagrada progenitora, otros de parte de ese hombre que es mi padre, todo en medio de una canción horrible que se puso a cantar mi hermano. Yo, para tratar de ablandar lo que estaba pasando, me puse a decir fuerte una poesía de esas que transmiten serenidad al espíritu, a ver si calmaba el caos:

Pero después de todo el laberinto se produjo un cambio de lo más terrible, señor, porque ese hombre que es mi padre empezó a hacer cochinadas a mi santa madre pero lo peor fue que ella no era indiferente. Yo me desmayé porque por primera vez en mi vida sentí rencor hacía ella, un sentimiento terrible que me duro unos minutos, así es la vida de la gente sensible como yo…

Fuente:
¡No!, suplemento humorístico del semanario (Lima), Nº 32, págs. 6-7, set. 28 de 1987.

CAÍN Y ABEL [22] - por Rafo León

EL PROFESOR TERRUCO

Puta’on, la otra semana he estado en una broncaza mostra contra el sistema alienado, ¿manyas? Puta’on, ¿tú computas a Córdova, el profesor ese del Bartolo que nos enseñaba no sé qué huevadas de sociales históricas? Compadre, un día se borró del Bartolo y ese curso, oe, lo empezó a dictar un mongo, ese que un día con Caca Verde y Chancro Jiménez le quemamos el pelo con fósforos en el ñoba del colegio, ¿manyas? Puta’on, yo me tiré la pera al Bartolo como quince días y, oe, tuve que volver la otra semana para buscar a un pata y me llaman de la secretaría. Puta’on, pensé, la mancada, oe, me botan del Bartolo. Puta’on, llego y la señora Chabela, puta, la secre, me entrega un sobrecito que ella había encontrado en su escritorio a mi nombre. Puta’on, me quité a leerlo y era un mensaje de Córdova, puta, que lo habían acusado de terruco y, oe, necesitaba esconderse, oe, sombrearse en algún jato por unos días. Puta’on, al toque hice el contacto que decía en el papelito y me presenté en mi jato con Córdova disfrazado de pacharaca y, oe, diciendo que era mi nueva hembrita y que yo, puta’on, me había regenerado y nos íbamos a casar en tres años. Puta’on, el plan era hacerlo entrar al jato como sea y, oe, después esconderlo en mi cuarto y, puta’on, tenerlo sombreado hasta que se quitase a otro sitio, ¿manyas? Puta, cuando mi vieja lo vio disfrazado de Teresita, oe, se puso mostra, le decía que qué bonito su vestido, su pelo rubio, sus anteojos. Puta’on, estaba felizasa de que yo hubiera dejado a Pocha Caracha por una secretaria del Ministerio de Educación, puta, una señorita de su casa y bien decente, chochera. Puta’on, cuando mi viejo entró, oe, se puso mosquísima con Teresita, choche, puta, al toque le invitó un ron y ya quería pedirle a la vecina el tocadiscos para hacer tono y, puta’on, bailar con mi profesor, chochera. Puta’on, mi vieja casi lo mata de celos y el pata se asó porque estaba arrechísimo, choche. Puta’on, al que no le bacilaba ni cagando Teresita era a mi mellizo Abel, que al toque le preguntó de dónde lo conocía antes y yo me cagaba de miedo porque Córdova le ha enseñado a Abel un año entero, choche. Puta’on, después le dijo que era muy mayor para mí y un montón de huevadas. Puta’on, la huevada era en qué momento lo escondía, choche. Puta, se me ocurrió una huevada, me quité a la cocina y grité: “¡Se metieron los choros!” y todo el mundo vino a computar. Puta’on, en la confusión agarré a Córdova, lo llevé hecho un pincho a mi cuarto y lo metí bajo la cama con mi frazada para que se tape. Puta’on, el sitio más seguro, ahí nunca barren y mi perro Asco se cuadró al lado para que nadie se acerque, choche. Puta’on, cuando mi vieja preguntó dónde estaba Teresita, oe, le dije que se había quitado porque es muy tímida y se olvidaron de ella, menos mi viejo, que hasta ahora me dice, oe, que por qué no traigo a mi hembrita al jato. Puta’on, el compañero Córdova estuvo bajo mi cama cinco días, choche, y nadie lo ampayó. Oe, yo en las noches, cuando el ganso de Abel ya estaba jateando, puta, le cantaba unos temas que improvisaba a Córdova para que se vacilara, y salieron unos mostrazos como éste, choche:

Puta’on, Córdova me decía que no cantara huevadas y que le diera papeo y, puta, compartía con él mi atún y la comida de Asco. Puta’on, un día me pidió que dejara una carta en otro jato y que ya se quitaba y lo volví a disfrazar de Teresita. Puta, librarlo de mi viejo fue más jodido que de la DIRCOTE, y se borró y no lo he computado más y no entiendo ni mierda de nada y he vuelto a Flatulencia a seguir luchando contra el sistema alienado, chochera…


Ay, señor, quién entiende al desquiciado ese de Caín, que tuvo que salir así a falta de la maravillosa leche de mi madrecita. Bueno, ya conocen esa historia, así que voy a proseguir con la última novedad que se ha producido en mi hogar. Fíjese que el otro día mi mellizo Caín se presenta con una mujerona de lo más huachafa, diciendo que era su nueva novia con la que se va a casar apenas sea mayor de edad. A mí la verdad que no me gustó de entrada, me pareció así como demasiado llamativa. Tenía un vestido camisero de media estación color salmón que le quedaba de lo más trinquete. Al cuello un pañuelo palo de rosa que no le pegaba y un pelo horrible, que a mí nadie me quita la idea de que era una peluca, porque la tal Teresita era media cholifacia y el cabello que tenía brillaba de rubio. Además llevaba dentro de casa anteojos ahumados, vaya usted a saber por qué. No sé qué le vi que me pareció sospechosa, hasta le puedo decir que su cara, su voz y sus movimientos me resultaban conocidos; tanto me molestaba que, le digo, entré en confusión y le encontré hasta perecido con un profesor que tuvimos en la escuela y que ya no nos enseña más porque se enfermó. Pero en fin, ojala le sirva a Caín para salir de ese mundo repugnante de los subterráneos, sentar cabeza y ser un hombre de bien, señor, como corresponde a mi honorable familia. Pero hay algo más que quería contarle, creo que en mi hogar han empezado a penar. Debe ser el alma de mi tía Paquita, la que falleció el año pasado y no había tenido tiempo de ponerla en mis rezos nocturnos. O de repente la tal Teresita nos ha hecho brujería para atraparlo a mi hermano, porque desde el día de su presentación a la familia están ocurriendo en casa cosas de lo más extrañas. La otra noche yo me fui a acostar, me desnudé, doble toda mi ropa y me puse mi pijama de franela. Después me eché a leer el Hola que mi sagrada madrecita había comprado en el mercado, y cuando estaba en plenos desenfrenos de Estefanía de Mónaco, oigo un clarísimo ruido de una ventosidad. Mi hermano Caín no estaba, y Asco, su perro, no podía haber soltado un gas de esa magnitud; fue claramente una expresión humana. Yo casi me muero, me quedé paralizado del espanto y después fui corriendo al cuarto de mis padres a pedirles me dejaran dormir con ellos. Mi madrecita ya había aceptado pero ese hombre que es mi padre, tosquísimo, me dio un puntapié en mi cola que hasta ahora me duele horrible. La noche siguiente, estando Caín en casa, he escuchado un diálogo pavoroso, con extrañas palabras como lucha armada y cosas así que a mí, lo cuento con mucho pavor, me hicieron soltar la pichi en la cama, fíjese señor. Ay, empecé un rosario entero dedicado a mi tía Paquita pero parece que fue muy poco porque después de ese diálogo lo que empezó fueron unos ronquidos cavernosos que no son los de Caín. Ahí me salió del corazón una plegaria que calmó el ánimo de mi tía Paquita:

Ni bien había terminado mi plegaria, se escuchó un vozarrón que dijo ”¡ya!”, y yo pensé que en el purgatorio mi tía Paquita debe tener corrientes de aire por la ronquera que manifestaba. Esa noche ya no se sintió nada más, pero la siguiente escuché que alguien hacía uso del bacín y cuando miré, Caín dormía como un lirón. Dios Santo, otra vez las plegarias hasta que se calmó. Un buen día todo desapareció por la fuerza de mis oraciones, y recién he tenido el tiempo para pensar en qué terno voy a alquilar para el día de la boda de mi hermano con la tal Teresita…

Fuente:
¡No!, suplemento humorístico del semanario (Lima), Nº 33, págs. 6-7, oct. 5 de 1987.

CAÍN Y ABEL [23] - por Rafo León

MARCHA CONTRA LAS DROGAS

Puta’on, el sistema alienado me sigue haciendo cagadas, chochera. Oe, el sábado pasado mi vieja y otras cochas de la parroquia, puta, organizaron una huevada contra la droga, oe, una campaña, ¿manyas?, y nos pidieron a Flatulencia que nos presentáramos, cuñau. Puta’on, al toque dije no porque Flatulencia no toca para la gansería, ¿manyas? Puta’on, se armó el chongazo, mi vieja agarró con el Abel mis cosas y puta’on, las pusieron en la calle, choche, al lado de la basura y justo, oe, las agarré antes de que se las llevara el mionca, cuñau. Puta, cuando fui a hablar con mi vieja, Abel no me dejaba entrar a su cuarto, y para no hacerle fuerza yo, porque a mi hermano lo desarmo con un dedo, puta, no me quedó otra que mandarle a Asco para que le muerda la pierna y se armó el recontrachongo. Puta’on, mi vieja me dijo que yo era un degenerado, oe, seguro un adicto porque no quería participar y un culo de huevadas. Después me dijo que pronto se iba a morir y que su último deseo era computarme en la campaña. Puta’on, cuando dijo eso el Abelito casi se suicida, choche y no me quedó otra que atorar, cuñau. Puta, la huevada consistía en marchar por las calles de Santa Beatriz con el cura Joaquín, las cochas y un huevo de gansos y chiquillos con papeles y banderolas. Puta’on, y Flatu debía ir atrás, cuñau, con temas contra el pastel, la marimba, los tiros… ¡y contra el trago, chochera! Después la huevada mancaba en la Concha Acústica del Campo de Marte donde se iban a dar unas charlas y se presentaban grupos de canto de la parroquia, mi hermanito, bailes folclóricos, y Flatu, chochera. Puta’on, fue la cagada cuñau. Puta, cuando empezó la marcha por General Córdova, oe, estábamos asadazos y no decíamos ni mierda. Sólo se oía a la gansería gritando “¡abre las puertas a la vida, ciérraselas a la droga!” y huevadas así, cuñau, gente que nunca ha computado un troncho ni lo va a computar jamás, haciendo campaña, chochera. Puta’on, el cura Joaquín daba sermones sobre que la droga era un invento del diablo, ¿manyas? Puta’on, las cosas empezaron a cambiar cuando Pocha Caracha pasó la primera chata de ron y ya estábamos por la Salaverry. Oe, empezó el Caca Verde, siguió Sífilis Paredes, después la Pocha Caracha y al final yo mismo era, Caín Gonzáles. Puta, la improvisación era mostraza, cuñau:

Puta’on, cuando el cura Joaquín computó la letra que estábamos improvisando, al toque empezó a aligerar al paso con el grupo de las cochas y los gansos y a cambiar de calles para que nos cansásemos y dejemos la marcha, choche, pero Flatu por joder la seguía donde iba. El cura empezó a cantar fuertazo, con toda su collera, para que no se escuche nuestra voz. Cantaban "María tú eres mi madre, María tú eres mi amor", y Flatu cantaba más recio todavía y la gente en la calle, cuñau, empezaba a alucinar, hasta que el cura mandó a mi vieja a que nos pida que nos quitásemos y vino ella y me dijo que su último deseo era que los dejásemos en paz con su campaña. Puta’on, quién computa al sistema alienado…


Ay, fíjese señor la de cosas que me depara la vida. La semana pasada estuve en el comité organizador de una campaña contra las drogas, en el distinguido distrito de Santa Beatriz. El comité lo conformaba lo más graneado de la vecindad, señoras de lo más encopetadas, juventudes con futuro y amor a la familia y a la patria; y a la cabeza de todo, el ilustre padre Joaquín, que si no fuera porque no se baña y huele un poco mal, le juro que ya sería Papa. Yo tenía a mi cargo la Comisión Artístico-Cultural, con mi santa madrecita que Dios me otorgó, por supuesto. Nuestra responsabilidad era encontrar individuos o grupos que expresaran su arte durante la marcha, y luego se desplegaran con las alas de la creación en la velada, en la Acústica (yo no digo lisuras) del Campo de Marte. De inmediato pensé que ese hombre que es mi padre podía sumarse, ¿no ve que él tiene su grupo de borrachos con los que se jaranea en una peña de los Barrios Altos? Pensé que podían aceptar tocar unas versiones de cánticos como "Venid" y "Vamos todos", en adaptación a valse, que yo mismo podía hacer al piano. Bueno, el salvaje de ese hombre me mandó a un lugar que no puedo escribir aquí. Y yo me empecé a angustiar porque no conseguía nada para la marcha, así que me puse yo en primer término con una canción que después van a ver, después el grupo de huaynitos del colegio 7230, el coro de las Señoras Carismáticas, el grupo de teatro "La Sangre de Nuestro Señor", y se me ocurrió una idea bella, que también estuviera con nosotros el grupo de mi mellizo (grupo cuyo nombre me niego a decir) de paso que los reclutábamos para el buen camino. Además, eso era de todas formas una foto en la primera página de El Comercio. Pero como conozco a Caín, le pedí a mi madrecita que fuera ella la encargada de solicitárselo. Santo Dios, para que tiene uno ideas brillantes, con decirle que de puro colaborador con la comunidad, terminé mordido por el Asco ese en la pantorrilla, qué me dice señor. Bueno, al final mi madrecita recurrió a otros argumentos que sólo ella sabe usar, y yo también tuve que hablar de mi próximo suicidio para que Caín aceptara. Le juro que en mi vida me había rebajado tanto ante nadie, pero todo era por la sagrada cruzada de la parroquia contra esa lacra social que es la droga, por la familia feliz, por la libertad, por la propiedad privada y por la Santa Religión, qué bárbaro, ¿no? Bueno, le cuento que la campaña salió bella hasta el momento en que llegamos a la avenida Salaverry, pero antes le cuento que yo me había puesto mis mejores galas. Estaba con mi pantalón marrón, mi camisa celeste y mis zapatos de colegio lustraditos, me sentía un príncipe de Hola. Bueno, paréntesis aparte, cuando estábamos por el Ministerio de Trabajo y ya la gente nos miraba un montón, algo pasó que hizo que el padre Joaquín volteara donde mi santa madre y le dijera totalmente fuera de sí: “Es que el cabrón de tu golfo ya nos jodió todo”, y después nos ordenó que cantáramos a viva voz lo que fuera. En ese momento me di cuenta del enorme error que yo había cometido, porque el grupo del salvaje de mi hermano ya estaba haciendo de las suyas. Tuve entonces que adelantar mi canción guardada para el Campo de Marte, y solté mis trinos con esta maravillosa letra que yo había compuesto:

En fin, no hubo foto en El Comercio, la gente en la calle se rió de nosotros, pero siento que mi corazón y el de todos los que marchamos está cada vez más fuerte contra la tentación de las drogas. En cambio mi hermano…

Fuente:
¡No!
, suplemento humorístico del semanario (Lima), Nº 34, págs. 6-7, oct. 12 de 1987.

CAÍN Y ABEL [24] - por Rafo León

CAÍN Y ABEL VENDEDORES
Puta’on, mi viejo se enfermó de la pieza, no pudo chambear como un mes y el jato se quedó sin bille, compadre. Oe, pero mi viejo jode hasta desde el hospital, chochera, porque un día nos llamó a mí y a mi mellizo Abel y nos dijo, puta, que teníamos que chambear por lo menos, oe, como quince días, compadre. Puta’on, mi vieja ya había hablado con una pata que tiene, que su machate chambea en la Municipalidad de Breña, puta’on, para que me den licencia de ambulante y vender huevadas en la puerta del Diamante, choche. Puta, el primer día fue recontra misio, compadre, porque yo no computaba cómo era la huevada, ¿manyas? Puta’on, me quedaba como un cojudo mirando a los chibolos de la matiné, a los huevones de la vermú o a los enfermitos de la noche, puta, como si me fueran a comprar chicles y chocolates porque soy mostro, ¿manyas? Puta, el segundo día me tuve que poner mosca, chochera, y le propuse a Flatulencia componer un tema, oe, sobre ese bacilón, ¿manyas?, y después yo solito hacer el jale cantándolo con mi guitarra de palo ahí en mi chamba de informal, ¿manyas? Puta’on, el tema salió mostrazo y empecé a vender como mierda, compadre, computa:

Puta’on, apenas empecé a chambear con este tema, oe, me llené de bille, choche; puta, al día siguiente le compré a mi vieja tres calzones en el mercado de Jesús María, y a Abelito le regalé un ganso de vidrio mostro que vendían en un bazar por el barrio. Puta, yo no me compré nada porque, oe, yo no necesito ni mierda de este sistema alienado, ¿manyas? Puta’on, pero a la semana el negocio empezó otra vez a ir mal, compadre, y ya no daba ni para el papeo, porque la chamba de Abel era pituca pero no rendía, compadre. Puta’on, una tarde yo estaba recontra asado esperando que me compren maní, y viene una tía de la quinta, la tía Buitre, ¿la manyas?, puta, y me dejó cincuenta quetes en consignación, choche, quedando claro que la propaganda la hacía ella. Puta, se metió a la cola del cine y al toque yo tenía un collerón de chibolos angustiados que barrieron con la merca, chochera. Puta’on, en la vermú fue la cagada, y en noche, puta, me venían los enfermitos a poner al palo radios, tabas, casacas y uno me trajo, puta, hasta los adornos de navidad y otra vez el negocio empezó a ir como la puta madre. Chochera, pero el sistema tiene sus soplones y alguien fue con el tufo donde el histérico de Abel, y éste, puta, armó tal chongo que mi viejo, oe, desde le hospital ordenó que nos cambiáramos de chamba, puta, que Abel pase al Diamante y yo, el cholo punk, el subterráneo, lo máximo de la Nave de los Prófugos, puta, que yo vendiera a domicilio cremas de afeitar y lociones marca Pig, puta, de esa fábrica clandestina que tiene mi tío Chino, ¿manyas? Puta, mi primer cliente fue el viejo de Caca Verde, que tiene una barbaza de la puta madre y, oe, es más misio que nosotros, chochera. Puta, no le saqué ni un inti. Mi segundo cliente fue la vieja de Pocha Caracha, puta, y en su jato no hay hombres, y la cocha me sacó a patadas porque pensaba que yo estaba poniendo cosas de mi jato. Puta, no insistí porque yo no tengo sitio en ese mundo alienado, choche, y me cagué en la nota y me quité a hacer música con Flatulencia…


Ay, los golpes que da la vida, fíjese señor. Con decirle que creo haber envejecido en estos quince días, mi cutis ya no está tan terso ni mi cabello brilla como antes. En fin, recién ahora entiendo a tanto cholo pobretón que tiene que trabajar para vivir. Pero felizmente que ese hombre que es mi padre ya se recuperó de su inflamación a la próstata. Él ya está de nuevo en el hogar, otra vez laborando, y nosotros hemos vuelto a nuestras normales ocupaciones. Bueno, pero lo que ha pasado, señor, es digno de que se lo cuente. Fíjese, con la enfermedad de ese hombre que es mi padre, los ingresos del hogar empezaron a descender sensiblemente. Nos cortaron la luz primero, luego el agua y almorzábamos y comíamos sopa de cubito y pan, a eso se había reducido el esplendor de mi hogar, qué me dice, señor; hasta teníamos que pedirle a la vecina que nos preste su hornilla para calentar el agua porque ni kerosene podíamos comprar. Un día ese hombre que es mi padre nos mandó llamar al Rebagliati y nos informó, ay señor, que yo y el Caín nos veíamos obligados a salir a la calle a ganarnos el pan, qué horror, le juro que me sentí como en una de esas películas hindúes del City Hall. A mí me pusieron a vender cosméticos masculinos de esa fábrica Pig de mi tío Chino, que hace las lociones con vinagre y los geranios del parque, y las cremas de afeitar con lo que queda de los envases de Regia y Dorina. Pero están bien presentados, y yo, además, soy garantía de belleza y pulcritud, ¿no cree? Bueno, mi primer cliente fue el honorable profesor Beltroy. El día que me tocaba clase de piano con él, le dije que íbamos a empezar un poco más tarde porque le guardaba una sorpresa. Fíjese, saqué mis productos y le hice una demostración. Pero el profesor Beltroy es un hombre demasiado divino para los productos Pig. Cuando le rocié con el after shave Arrechura, el fino profesor de música arrojó sobre el sillón, fíjese. No quiso ni probar lavarse las manos con jabón Sperma y, cosa rarísima en él, que es tan insistente conmigo, me pidió que me retirara porque no se sentía bien. Bueno, así es la vida en el mundo de los negocios, ¿no? Mi segundo cliente fue el padre Joaquín, el párroco de Santa Beatriz, pero creo que no fue muy bien elegido porque él ha hecho un voto adicional al que hacen todos los sacerdotes. Su voto consiste en no entrar en contacto con su cuerpo pecaminoso, entonces no se baña nunca, se afeita con cuchillo y sin crema y huele rarísimo, como a las latas de grated que come mi mellizo, cuando amanecen en la puerta de la quinta porque el basurero no se las lleva de puro asquiento que es el cholo. Bueno, en vista de que tenía muy poco éxito, decidí ponerle un poquito de creatividad al trabajo. Pensé, si toda la propaganda de la televisión usa cantitos, ¿por qué no los voy a usar yo, que soy tan imaginativo? Entonces, ay, compuse un lindo jingle, que lo cantaría a mis clientes apenas me abrieran la puerta. Y dice así:

Le digo que me empezó a ir mucho mejor. Coloqué varias lociones, un par de jabones y una crema de afeitar. Pero en esos días una vecina me vino con un chisme horroroso, fíjese, me dijo que mi mellizo vendía drogas en el cine Diamante. Ay, por supuesto que fui donde mi santa madrecita (de la que no he hablado hoy, qué raro), y le conté la afrenta contra nuestra familia. Ella sufrió un shock, pasado el cual consultó el problema con ese hombre que es mi padre y éste, ay, decidió cambiarnos de ocupación al Caín y a mí, y resulta que terminé de ambulante, justo cuando mi negocio empezaba viento en popa. Felizmente ahora somos ricos de nuevo...

Fuente:
¡No!, suplemento humorístico del semanario (Lima), Nº 35, págs. 6-7, oct. 19 de 1987.