sábado, 3 de diciembre de 2016

MARXISMO Y «ROCK SUBTERRÁNEO»: EL DEBATE, 1985-1986 (parte 6, Óscar Malca)





VI

ÓSCAR MALCA [«SIGFRIDO LETAL»]:
 “¿QUIÉN LE TEME A LOS ROCKEROS SUBTERRÁNEOS?”


Como era previsible, harta piedra trajo el torrente de alegatos –y, como no, exabruptos– contra los subterráneos, especialmente tras la nota aparecida en el Nº 3 de esta revista. Pero el río ya hace mucho que venía sonando: recuérdese nomás que semanas antes un canal de televisión había convocado a curas, siquiatras y miembros de la policía para que analizaran la conducta de estos vándalos del rock. Lejos de ser interesante discernir si se trata de pecadores, orates o delincuentes, creo que lo que bien merece la pena es alcanzar a los lectores de El Zorro, cuya mayoría seguramente no es especialista en estos temas rockeros, algunas precisiones para que se hagan una idea más clara de un fenómeno que no por irregular o ambiguo es menos importante.

1. LO QUE REALMENTE SE DISCUTE
En el artículo que mencionaba al comienzo[1] quise dar mayores luces sobre el asunto, a partir de dos o tres hechos donde la izquierda, o parte de ella, habían apresurado un juicio más que sumario que terminaba, como es obvio, en una ridícula condena. Una suerte pues de macartismo al revés.

Para demostrar que mi punto de vista era incorrecto, cuando no tramposo, aparecieron las réplicas de Augusto Ruiz en «Hipocampo» y Quique Larrea aquí en casa.[2] El primero, tras gruesas tergiversaciones de lo que yo había escrito, una confusa teorización y un ostentoso sancochado de datos que camuflaban el craso desconocimiento del tema, junto con la trasposición mecánica y acrítica de conceptos de sociólogos e historiadores ingleses, todavía confinados en los paradigmas interpretativos del sesenta, no hacía sino redundar –con variantes, claro está– en los viejos esquemas de los que me quejaba en dicho texto. Más interesante resultó el artículo de Larrea, pues hilvana con inteligencia una serie de (pre)juicios bastante extendidos y enraizados en la intelectualidad de izquierda y [en] rockeros vinculados a generaciones anteriores: su coherencia es pues la de ese sentido común.

Pero esto que en ocasiones puede ser una virtud –mens sana in lugare comune, diría Monsivais– lo que hace en realidad es poner al descubierto la discusión de fondo entre concepciones diferentes de el arte y lo popular, que no de la política, que sería mucho discutir. Y me toca, ay, el dudoso privilegio de defender a quienes aparecen atentando contra honorables ideas que se han ganado, con su vigencia, un lugar privilegiado en el corazoncito de todo intelectual que se estime.[3]

2. EL RU(G)IDO DE LA CIUDAD
Digamos que son las cinco de la tarde y nos hallamos en una esquina del Cercado. Paredes grises y descascaradas contrastan con el incesante flujo de los multicolores emblemas de las líneas de microbús. Gente que sale apurada de la oficina: en la calle las veredas están repletas y desbordadas por transeúntes fatigados e irritables. Embotellamientos, desorden estridencia de cláxons y ambulantes ofreciendo sus productos; alguien es víctima de un escapero y sus gritos de auxilio rebotan hasta perderse en los rostros indiferentes de la muchedumbre. Lima.

Imaginemos que hemos seguido caminando con las pequeñas multitudes que se agolpan al filo de la vereda para cruzar la pista. Así, a la espera de la luz en el semáforo, será posible apreciar el generoso intercambio de insultos entre un cobrador de la línea X y un pasajero poco dócil que habla de sardinas y algo relacionado con el respeto. Quizá también el silbato de un guardia, la aguda voz de un niño cantor, el tronante paso de vehículos con el escape roto o el motor cayéndose a pedazos, podrían llamar nuestra atención. Pero, acerquémonos, más, repito, es Lima, una metrópoli cualquiera en América Latina: concentración urbana, miseria, caos, violencia, ruido.

Ruido. Y no sólo el centro de la ciudad; los distritos populosos que lo rodean poseen asimismo, y en oportunidades alcanzan cotas insospechadas, de bullicio y violencia. Esto, sin mencionar la violencia que proviene de la política: granadas, petardos, balazos y sirenas.

Diferente es lo que ocurre en barrios residenciales: allá todo es frío y silencioso, las calles están casi desiertas –en sectores de Camacho, La Molina o Monterrico ni siquiera hay veredas– y en sus zonas comerciales apenas si resalta el ronroneo de las modernas cajas registradoras. Aun en sus picos de efervescencia social (comercial), la moderación –signo inequívoco de «buena educación»– aplica su reluciente guillotina para cortar cualquier exceso que pueda parecerse a la vulgaridad y estridencia de las clases bajas. Pues son ellas las que se visten con «colorines», discuten como «placeras» y gritan como «callejoneras».

Y si música es, en rigor, organización de sonidos, habría que ver con qué banda sonora se crece y se vive cotidianamente; ello permitiría determinar, junto con otras instancias que intervienen en dicho proceso, las sensibilidades musicales que coexisten legítimamente en la urbe.

3. Y LOS LLAMARON SALVAJES POR NO SABER ANDAR SOBRE PARQUET
En nuestro medio se vienen desarrollando dos expresiones musicales estigmatizadas por el espantapájaros del «buen gusto»: la chicha y el Rock Subterráneo. En ambas se critica su condición espúrea, vulgar, excesiva –una por melodramática y otra por agresiva– y, finalmente, ruidosa. La música es, dicen, un ARTE. Y el arte, por supuesto, es concebido como una especie de paraíso portátil del buen gusto y la armonía; nociones que utilizan cual si fuesen universales que operaran del mismo modo para las múltiples socialidades que habitan la ciudad. Aunque el tema desbordaría estas notas, no puedo dejar de preguntarme: ¿qué tendrán que ver las músicas cultas y refinadas con el chongo citadino que visitamos en el acápite anterior? Manifestaciones modernas de una sensibilidad plebeya y juvenil –una de sectores criollo-populares y otra de migrantes andinos–, lo cierto es que la chicha y el Rock Subterráneo son las que mejor expresan, a su peculiar manera, lo que significa vivir (en) Lima para las mayorías.

Pero dejemos a un lado la chicha, que su reciente prestigio sociológico la ha provisto de variados defensores, y quedémonos con los sonidos que hacen esos “mocosos malcriados, engreídos (y) disfrazados de víctimas del sistema”[4] que han irrumpido, sin que nadie los invitara, en el templo inmaculado de la música a profanar la santidad de sus más castos sacerdotes.

En primer término conviene aclarar que tras el membrete simplificador de «Rock Subterráneo» se ha estado hablando, sin mencionarlas, de las distintas ondas que se desarrollan desde dicho espacio: el pop (La Resistencia, Inodoro), el rockabilly (Éxodo), e dark (Los Yndeseables, Feudales), el rockanrol (Leusemia, Flema), el after-punk (Zcuela Crrada, Delirios Krónicos), el hardcore (Guerrilla Urbana, Excomulgados, Sociedad de Mierda) y, de un modo u otro, la fusión (Del Pueblo, Seres Van). Que se ilustre el lector, que el público no lo necesita, simplemente oye y se vacila: tal es la proliferación de estilos e identidades que caracteriza al rock de los ochenta. No sé si el árbol impide ver el bosque, pero el hecho es que, por ignorancia, mala intención, o ambas cosas, se tiende a juzgar a toda esta multiplicidad por su vertiente más violenta y primitiva: el hardcore.

Soy consciente de que semejante enumeración, aparte de espantar a los xenófobos de siempre, resultará de lo más extraña a los lectores; pero se trata tan sólo de la pluralidad de variantes que posee el rock contemporáneo y que cualquier fanático conoce, aun a pesar de que los mass media tienden a difundir sólo sus versiones más estandarizadas y digeribles.

4. EL SONIDO Y LA FURIA
Lo de «subterráneos» les viene por su intransigente oposición al mercantilismo y por su postura contra los grupos más institucionalizados del rock nacional. Asimismo, por el circuito de producción, circulación y consumo en el que se mueven, un tanto por decisión propia y otro porque el establishment rockero los combatió desde el principio y les dejó libres sólo las zonas marginales que jamás le interesaron (Villa María del Triunfo, Rímac, San Juan de Lurigancho, Comas, Barrios Altos, Carmen de La Legua, Mirones, El Agustino); aunque un par de veces al año se invitaba a algunos grupos a los escenarios privilegiados (Miraflores, Barranco, Jesús María).

Si a Larrea la constitución de un circuito alternativo real le parece irrisorio porque en el país hay muchos de índole informal, se debe a que existe una diferencia muy grande entre quienes hacen música como hobby en sus ratos de ocio y quienes ven en el rock –por los motivos que fuesen– la razón de sus vidas.

Se me ha acusado, no sin cierta razón, de ser poco crítico con estos “mocosos malcriados”. Sin embargo se olvida que las oportunidades en que he acudido a diarios de circulación nacional y aun a revistas como ésta, es porque los vándalos estaban siendo objeto de condenas y escandalizadas invectivas, que no sólo venían de esos que uno de mis replicantes llama «cucufatos cuadriculados», con argumentos deleznables que merecían ser desbaratados. Por lo demás, dar línea o lecciones de urbanidad jamás me ha parecido demasiado atractivo; y si no hacía valoraciones estrictamente estéticas es debido a que más me interesaba la globalidad del fenómeno cultural.

Obviamente, como en cualquier parte, entre los subterráneos hay grupos buenos y malos; pero también es cierto que la música se hace de acuerdo a las condiciones materiales de que se dispone, y en esa medida es explicable que el hardcore sea el estilo predilecto para empezar: su carácter simple y elemental lo hace fácilmente asequible. Mucho se ha hablado de su onda anti artística y panfletaria. Lo que ocurre es que no se tiene en cuenta que el arte culto es diferente del arte de masas, aunque de aquel tenga bastante: en esta nueva condición, el arte ya no es visto o consumido en tanto ritual de ‘lo bello’, sino que es vivido como una práctica generadora de intensidades, es decir, una práctica simbólica que se vale tanto de signos artísticos como de signos llanamente comunicativos. Y, en este caso orientados a expresar una identidad grupal y sectorial en proceso de constituirse por oposición a lo institucional. La radicalidad de la propuesta hardcore, en esa medida, es entonces comparable a experiencias límite en el arte, tan extremas y distantes entre sí como las de Duchamp y Cage en el campo de las formas mismas y las de ciertos artistas latinoamericanos bastante ganados por la denuncia directa.

¿Qué son sino los murales de Diego Rivera, las películas de Jorge Sanjinez, o el cartel y la historieta cubana? ¿Existe acaso un límite claro entre Arte y Panfleto?

El minimalismo punkero de los vándalos no es pues nuevo ni original, ni ellos ni su público pretenden que lo sea: únicamente les es útil para entrenerse y putear un poco por lo que ocurre en su medio social. Que a unos no les guste el modo en que lo hacen no evita que a otros sí. En el fondo, lo que indigna a los nuevos cancerberos de la estética es que quienes protagonizan tal tipo de experiencias no sean artistas «diplomados», como los del párrafo anterior, sino unos simples «mocosos malcriados».

5. ACADEMICISMO, ¿ENFERMEDAD SENIL DEL IZQUIERDISMO?
Tanto Ruiz como Larrea incurren en discutibles formulaciones de «lo popular». Para el primero, le es escalofriantemente fácil decantar su lado «bueno» (progresista) del lado «malo» (retardatario), a la vez que confunde el mismo término con algo así como ser de izquierda. Lo cual por supuesto deja fuera todo lo que no puede ser canalizado por el discurso político tradicional, ni ser fijado por el compulsivo positivismo taxonómico de las ciencias sociales.

El segundo, continúa manejando concepciones esencialistas y pre figurativas que perciben lo popular como un ideal y no como una realidad viva. Es así que nos surte de una práctica receta con la que podremos estimular el desarrollo de aquello que sólo está en «potencia». De igual modo, me parece que entrevera una categoría cultural con otra más próxima a los marketings de Radio Panamericana: si el Rock Subterráneo –dice Larrea– quiere ser popular… debe gustarle a todos.

Creo que a estas alturas ya está bastante claro que ningún grupo subterráneo, como ocurre en los países donde hay buen rock, va a ser totalmente masivo. Tal es el sino –y la estrategia– del nuevo rock de los ochenta: así como se desconfía de los rollos totalizadores y los proyectos musicales generalizables a toda la sociedad, sus ritmos están dirigidos a consolidar identidades y satisfacer auditorios por zonas, barrios, esquinas, pandillas, colleras. Casi que cada grupo habla a socialidades específicas, parciales.

Y sospecho que es superfluo aclarar que no digo esto porque me veo “obligado a develar la esencia de una actitud que en el escenario ha comunicado otra cosa”: únicamente explico algunos dispositivos culturales que desconoce la gente ajena al rock, que para ellos se escriben estas líneas. Si en el artículo anterior parece que critico al público, la razón es que en esas dos oportunidades estaba mayoritariamente compuesto por izquierdistas premunidos de esos modestos prejuicios que sirven para cautelar su virginidad ideológica.

En cuanto a «frustraciones», ni siquiera esas dos lo fueron realmente –y no lo ignoran ambos autores–; la única frustración grave que han conocido estos «mocosos malcriados», es el fracaso de su auto organización. Pues lo puramente espontánea, si bien es cierto que favorece la manifestación de lo genuino y libre, también limita con crueldad sus posibilidades de futuro como movimiento colectivo.

Finalmente, debo confesar que si me he extendido tanto y por momentos he sido brusco se debe a que mis dos oponentes llevaron al papel, repito, opiniones harto extendidas en ciertos círculos intelectuales y políticos donde se raja sin haber asistido a un solo concierto u oído atentamente a más de dos bandas, en las precarias grabaciones que realizan, y sin siquiera saber mínimamente lo que ocurre en la escena rockera internacional (no se debe olvidar que el rock, al igual que todo lo que viene por medios masivos, forma parte de una cultura transnacional). Reproche del que, ojo, tampoco se libran Ruiz ni Larrea.

Condenar algo que se conoce mal dice mucho de estos caballeros, la mayoría egresados universitarios, a quienes aterra lo nuevo quizá porque los hace sentirse viejos. Pero dejémoslos, no pretendo dar lecciones de ética y metodología a nadie: sería entrar en un terreno en el que profesionales más pacientes y capacitados que yo, evidentemente, han fracasado.

Fuente:
El Zorro de Abajo (Lima), Nº 5: 60-63, jul. 1986.



[1]  El Zorro de Abajo, Nº 3, diciembre 1985.
[2]  «Hipocampo», suplemento dominical del diario La Crónica, 9/II/1986 (a este artículo no le dedicaré mucho, porque ya otra persona se encargó de poner las cosas en su lugar. Ver: «Hipocampo», 9/III/1986) y El Zorro de Abajo, Nº 4, marzo 1986.
[3]  Bueno será dejar constancia de dos artículos más equilibrados en su crítica y valoración de los subterráneos: el de Abelardo Oquendo Heraud en Debate Nº 36, y el de Víctor Patiño en La Casona, Nº 5-6.
[4]   Larrea, op. cit.

miércoles, 27 de agosto de 2014

LUEGO DE DOS AÑOS, SE ANUNCIA EL FALLECIMIENTO DE MARÍA T-TA EN ALEMANIA


Tuvieron que pasar dos años y pico para que se anunciara públicamente -la noche del domingo 24 (aquí y aquí)- lo que ya algunos subtes sabían de oídas desde hace algún tiempo: el fallecimiento de María T-ta en Alemania el 23 de marzo de 2012, debido a un cáncer de páncreas detectado apenas meses atrás. La propia madre de Patricia Roncal -su nombre verdadero- se lo había confirmado a Sebastián Corzo en setiembre del año pasado, sin que luego se diera a conocer oficialmente su deceso, quedando en simples rumores o trascendidos que hoy finalmente llegaron a su fin.

El rock peruano, a pesar de los dos largos años transcurridos, está de duelo. Abundan hoy los comentarios en las redes sociales, por montones en realidad, hablando de lo grande que fue Patricia, de su manera de adelantarse al tiempo que le tocó y nos tocó vivir a todos. Porque lo suyo no fue tan sólo el enfrentarse, como subte, a la crisis y la violencia de la sociedad peruana de la década de los 80 sino, sobre todo, su choque contra la incomprensión y el machismo de un buen sector de la propia movida del Rock Subterráneo. ¿Tuvo algo que ver su alejamiento total del Perú y de sus ex compañeros de ruta en el rock con esto? ¿Cuál fue la razón de fondo para cortar todo contacto con la gente que alguna vez la trató, al punto de morir en en otro continente sin que se sepa nada hasta dos años después? Preguntas para las cuales tal vez no haya respuesta segura a menos que vayan apareciendo los testimonios de posibles amigos, peruanos o extranjeros, que la trataron durante su largo auto exilio europeo.

Hoy vemos como, al revés de lo que sucedió durante tanto tiempo, su figura y su legado no han hecho sino crecer y crecer, al punto que podemos sostener, con toda seguridad, que se trata de la más grande, original y talentosa figura femenina que ha dado el rock peruano hasta el día de hoy, y ello a pesar de la muy mala calidad de las grabaciones de la época, hecho que lamentablemente no ayuda mucho a la hora de difundir de su obra a otro nivel.

Patricia, como antes Edwin Zcuela, Cocó Revilla, el Omiso, Kilowatt, Matute o Leonardo Bacteria, no está más en este mundo. Perdura, en cambio, en la memoria y el recuerdo de todos los subtes de aquellos años inolvidables. Patricia ya es leyenda.

martes, 10 de junio de 2014

UN CUARTO DE SIGLO DESPUÉS: EL FINAL DE LA «JATO HARDCORE» DE BARRANCO (JUNIO 10, 1989 /2014)


Parece increíble estar hablando de veinticinco años, pero ese es el número de años que conmemoramos justamente el día de hoy. Se trata no solamente del final de uno de los locales históricos -y legendarios, por añadidura- de la movida del Rock Subterráneo limeño, sino aquel que simbolizó para la gente de la época todo lo que fue y representó la llamada Escena Hardcore de Barranco.

Esa noche en particular fue doblemente importante pues se trató, a su vez, de otra clase de fin, esta vez para dos bandas muy destacadas. Una de ellas, Sentido Común, no pisaría nunca más un escenario (dos de sus miembros formarían al año siguiente Producto de Ira o PDI, rescatando varios temas de su anterior agrupación), en tanto que para la otra, nada menos que G-3, se trataría, en la práctica, del final de su primera etapa (no volverían a tocar en vivo sino hasta diciembre de 1992).

Vayan, pues, estos videos –con los audios del concierto
– como un tributo en una fecha tan especial como esta.

Hardcore, carajo!!





























martes, 14 de enero de 2014

"EUTANASIA VUELVE A TOCAR EN LIMA Y ALISTA NUEVOS TEMAS" (por Fidel GUTIÉRREZ)

REENCUENTRO DE PUNKS VETERANOS
BANDA DE ROCK SUBTERRÁNEO PIDE QUE SE CUENTE VERDADERA HISTORIA DE ESTE MOVIMIENTO


El Rock Subterráneo, aquel movimiento espontáneo de jóvenes motivado por la música y la estética punk, es, a casi tres décadas de su eclosión, materia de libros, tesis y ensayos. Pero, pese a estos esfuerzos, algunos de sus principales protagonistas sienten que no se está contando toda la historia tal como ocurrió.

"Siempre van a las vacas sagradas para preguntarles lo mismo de siempre, porque saben que así los van a leer y comprar más gente", dice Kike «Excomulgado», voz de Eutanasia, grupo cuya existencia es clave para entender esta corriente artística y social. "Nunca nos han consultado nada", apunta a su vez José «Auxilio», baterista de la banda.

La agrupación se ha reunido por segunda vez desde su separación para dar diversos conciertos en Lima, provincias y en Quito, Ecuador; y para avanzar con la grabación de nuevas canciones que –adelantan– mantienen un estilo que califican de "punk rock de esquina", al igual que las de su legendaria producción, «Sentimiento de agitación».

LA VERDADERA HISTORIA
"No quieren acordarse, porque les va a arder otra vez, que Eutanasia era la banda que más gente, más 'mancha' tuvo", insiste Kike. "Muchas bandas no salían del Centro de Lima, pero nosotros íbamos por todos lados".

El cantante también quiere reivindicar que su grupo "fue el primero en descentralizar esto del Rock Subterráneo". Su mítica visita a Ayacucho, en 1987, es el punto de apoyo de dicha afirmación, "pero eso no se dice en los libros", añade.

El periplo a Huamanga se repitió a fines del año pasado, pero en muy distinta coyuntura. Ahora, tras la experiencia ecuatoriana del sábado, la banda prepara conciertos en Huancayo y Lima, donde este sábado 18 de enero compartirá el escenario del local del Partido Socialista con numerosas agrupaciones.

Pero, a diferencia de su primera reunión –llamada «Global Colapso Tour», de 2011–, Eutanasia ha afrontado dificultades adicionales a las que derivan de ser un grupo cuyos integrantes residen en diversas partes del mundo. Incluso uno de sus integrantes originales –Nico Morales, guitarrista– no pudo viajar por problemas 'logísticos'.

Fuente:
El Peruano (Lima), ed. electrónica, ene. 14 de 2014.

domingo, 15 de diciembre de 2013

CÉSAR N Y SU POLÉMICO «DESLINDE» FRENTE A DESTACADAS FIGURAS DEL ROCK SUBTERRÁNEO


César N es, que duda cabe, uno de los más importantes referentes del underground local. Y es debido a su dilatada trayectoria, a su permanente presencia en conciertos y movilizaciones culturales y de protesta de todo tipo, durante los últimos veintiocho años, que su palabra no puede ser simplemente ignorada o silenciada. Y eso no es todo. Desde hace más de un año, quienes nos manteníamos al tanto de sus andanzas a través de su cuenta personal de Facebook, habíamos sido testigos de posteadas diversas en donde repetía –con otro lenguaje, tal vez mucho más agresivo, y con apariencia de desfogue– lo mismo que aquí se lee (y que su autor no se cansa de repetir una y otra vez durante sus presentaciones en vivo, y ahora incluso en un nuevo tema compuesto especiamente para la ocasión).

El presente texto –para comenzar– lleva título, indicador innegable de cuales fueron las intenciones de su autor al escribirlo y darlo a publicidad. El texto es notable no sólo por su contenido –el cual será juzgado por cada quien de acuerdo a sus propias convicciones e interéses–, sino por el hecho mismo de haber sido puesto por escrito. Se retorna, así, a la vieja –y al parecer, casi desaparecida– costumbre, que en su momento caracterizó a la movida del Rock Subterráneo, de manifestar, justamente por escrito, todo tipo de opiniones y pareceres referidos, no sólo a las realidades socio políticas y económicas vividas durante los años 80, sino sobre lo que sucedía al interior mismo de la movida, con sus discusiones, polémicas, deslindes e incluso broncas por diferencias de tipo personal, amical, musical o ideológico.

La palabra escrita, a diferencia de la simple habladuría, chisme o acusación soltada al aire, tiene un alcance completamente distinto, debido a que puede ser citado –sin temor a distorsiones– y respondido por los supuestos agraviados (si ellos decidieran hacerlo, por cierto). La trascendencia (histórica) del documento en cuestión, en cambio, será algo que el tiempo se encargará de juzgar. Más allá de quienes son los aludidos o denunciados (considero y estimo personalmente como amigo a uno de ellos desde hace más de dos décadas), lo importante aquí es valorar el documento por su pretensión, que no es otra sino la de plantear un debate sobre el tema, el mismo que, de hecho, se inició hace ya dos semanas a través de los numerosos comentarios dejados en las redes sociales


«DESLINDE GENERAL (ROCK SUBTERRÁNEO)» [por CÉSAR N]


En cuanto a la historia del Rock Subterráneo, quiero aclarar que aunque pienso que el rock, aparte del baile y del chongo, también puede ser un buen medio de protesta y desfogue. Yo nunca jamás estuve en contra de la difusión de este rock en radio y tv, esa es un decisión personal. Tampoco nunca estuve en contra de que al músico se le pague por tocar, ni estuve de acuerdo con la falacia de que el hardcore punk era la única estética «pura», cerrándole el paso en fondo y forma a los demás estilos musicales de rock. Por estas opiniones fui discriminado y subvalorado por individuos sectarios que en el pasado se abanderaron de «anti comerciales» y «anti sistema» (con fecha de vencimiento) marca ACME jaja. Yo fui uno de los primeros en asomar mi cabeza en medios masivos y fui uno de los primeros a quienes le pagaron por tocar, así que hablo por experiencia propia y con base histórica.

Otra cosa que quiero aclarar, es que no estoy de acuerdo ni avalo de ninguna manera el modo de proceder de Daniel F, ni de Kike y Pepe Eutanasia, por hacer del engaño colectivo una herramienta para trascender, por medio de un discurso fraudulento, el sabotaje al colega y el arte de ser pendejo, abanderándose en el pasado como anti comerciales y anti sistema, los cuales, con actitud sectaria y gesto adusto, aplastaban... convenientemente a la gran mayoría de los que generaban música más audible y a los que, según su parecer, eran inconsecuentes o divos. Esa fue su actiud y, aunque hoy se muestran como democráticos corderos, en el fondo siguen siendo unos pendejos preparándose para lanzar un nuevo engaño que sólo será parte de un montaje. Es asi como, en épocas en las que se tenía que seguir crticando a la sociedad, se perdía el tiempo en minucias como criticar a grupos como Río y Chachi Luján, poniéndolos como ejemplos abominables de "pose comercial" y fuente de todos los males, aunque hoy en día salgan abrazados con ellos en la foto al mejor estilo político de Alan García. También, cuando se tenía que fortalecer la auto organizacion y la autogestion del agonizante Rock Subterráneo, se les bajaba la llanta a bandas colegas como Desconcierto, Combustible (mi ex banda), DelPueblo, Ataque Frontal, entre otras, calificándolas como lo peor, con una mano saludándolas y con la otra clavándoles el puñal, habiendo sido parte de la misma mancha.

Para finalizar, quiero zanjar muy claramente que mi sentimiento es de decepción, mi motivación es la de marcar el debido deslinde y esclarecer una verdad histórica. Deslindo absolutamente con los cagones y envidiosos que critican a Daniel F porque ahora gana su plata y por que es famoso, eso a mi siempre me ha importado un carajo. Si telonea a KISS perfecto, si gana un huevo de plata, que la gane, porque la va a necesitar, pero eso no quita que se haya portado como un patán y un pendejo, haciéndose de un nombre en base al sabotaje al colega y a elaborados rollos fraudulentos e inverosímiles, haciéndonos perder el tiempo a todos con el cuento del Rock Subterráneo y no tenga la hidalguía de reconocerlo públicamente en YouTube, algo que también deberían hacer el Kike y el Pepe Eutanasia, y, por respeto a quienes los siguieron, ser consecuentes y asumir de una vez por todas que la cagaron y que todo su floro era insostenible al paso del tiempo. Así que la excusa de Daniel F, de que: "los perdedores me envidian por que soy exitoso", no se aplica a mi. Ni tampoco la defensa de Pepe Eutanasia: "así hablas porque nadie se acuerda de ti", tampoco se me aplica ya que, como verán, para bien o para mal, en mayor o menor grado, sigo en vigencia para escozor de muchos. Aunque el Kike Eutanasia me siga diciendo: "sólo te interesa la música", o cuando lo emplacé personalmente hace un año y, al no tener mas argumentos, me dijo "es que yo era chibolo"... a los 25??? Para la retórica política era chibolo, pero para apuñalar y maletear al colega era adultísimo jaja. En fin, es una manera torcida de conseguir trascender... Engaña, maletea, haste el olvidadizo, y gana!! jaja

Hago público todo esto con el único fin de dejar en claro que, en adelante, mi participacion en determinados eventos, como los que cito a continuación, no avala, no respalda ni se solidariza, necesariamente, con los individuos y las bandas que ahi participen, ni mucho menos implica que, necesariamente, comparta ni esté de acuerdo con todo lo que digan, ni con todo lo que hagan ahí y en sus presentaciones en otros lugares, o con lo que cuelguen en sus cuentas de Face. Yo sólo respondo por mi, por lo cual he aclarado mi deslinde: no me solidarizo con el modo de proceder de los citados señores ni con las simpatías o amistades que puedan tener individuos y bandas con las que me toque compartir escenario.

Un abrazo a todos y que viva el Rock & Roll.

Suscribo y ratifico todo lo dicho. Se que tal vez me manden a la moto, ya que hay mucha plata de por medio pero, en algún momento, tenía que decírselos en forma directa. Ya mucho tiempo están pasando piola.

Atte.
CESAR N

Fuente:
Muro de César N (Facebook), dic. 1º de 2013.

El texto del documento fue ligeramente corregido en su forma (ortografía y puntuación), con el fin de cumplir el estándar de publicaciones del blog. La versión aquí presentada fue aprobada por su propio autor. La foto en la cual aparece César N, fue tomada de aquí.
Los eventos a los cuales hace alusión César N en la posteada original son: el Festival «Rock en Río Rímac 3 - El 3er ataque del Rock Subterraneo» (14/DIC/2013) y el Conversatorio y Concierto «El Rock Subterráneo Ataca San Marcos - Movimientos generacionales y violencia política en los 80's» (6/DIC/2013).

domingo, 1 de diciembre de 2013

CARLOS GALDÓS... ¿SUBTE???


El conocidísimo comediante, presentador de televisión y locutor de radio Carlos Galdós acaba de sorprender a media movida underground limeña al comentar –en su columna semanal «Animal Urbano»– algunas de sus vivencias como adolescente al interior de la movida del Rock Subterráneo ochentero sobre las cuales, al parecer, nadie había reparado.

Algunos comentarios en las redes sociales: "¿era invisible? ¿realmente alguien le vio frecuentar? ¿o es un cuento y no una crónica lo escrito?"; "estoy seguro que hace tiempo él, en una entrevista, contó sobre su pasado subte... parece que bajaba solo, jejeje".

Cabe preguntar, ¿con qué gente bajaba? ¿a qué mancha pertenecía (si es que perteneció a alguna, por supuesto)? Porque el hecho concreto, al menos hasta este momento, es que nadie parece recordarlo... Ya se sabrá más.



HIJA DE SU PADRE: LO QUE NO SE HEREDA

NO SE HURTA (por Carlos GALDÓS)




A los trece años corría fuego por mis venas. Estaba en segundo de secundaria en un colegio típico de clase media trepona y por pagar la pensión con retraso me pasaba más tiempo en el patio en horas de clase que en el propio recreo. Conocí el doble discurso de algunos, la doble moral de otros. La solidaridad en ese momento no estaba propiamente en manos de los hermanos maristas.

 Mi vieja me mandó de vacaciones sin retorno a casa de mi abuelo. Ella ya no sabía que hacer conmigo. Yo me encerraba en mi cuarto horas de horas a escuchar Narcosis, Del Pueblo Del Barrio, Eutanasia, Guerrilla Urbana, Leusemia, QEPD Carreño, Siniestro Total, sin anticipar el futuro. Lo que menos quería era tener pelo (hoy es lo que más extraño). Me rapaba los lados y tenía una cosa tipo escobillón al medio. Me ponía alfileres en la ropa, me compraba chancabuques en el bazar de la policía en Jesús María, usaba jeans negros, polos con mensajes de anarquía y mis frases favoritas eran: "hay que destruir el sistema", "la represión corroe tu mente" y "todos son unos alienados". Paraba en «La Nave de los Prófugos», en la avenida Colmena para ser más exactos, en la puerta de la Universidad Nacional Federico Villarreal. Hablaba con las prostitutas de Zepita y pasaje Peñaloza. No quería nada de ellas, más que escuchar sus historias. Fui al concierto de Los Violadores, bailaba 'pogo' en la «Jato Hardcore» de Barranco (el «Magia» de la avenida Brasil). Quilca era mi segundo hogar y odiaba a la humanidad. Y la cereza de la torta fue cuando premonitoriamente hice mi primera aparición televisiva, no en un programa concurso, no como público de la Santa Misa, sino más bien como revoltoso manifestante siendo trasladado a la carceleta de la avenida España por estar metido en una marcha universitaria. Lo gracioso es que yo aun era colegial.

 El psicólogo le dijo a mi vieja que no se preocupara, que estaba buscando mi identidad. Hoy, a poco de cumplir cuarenta años, le sigo diciendo lo mismo: "no te preocupes, mamá, estoy buscando mi identidad", que no está necesariamente en mis apellidos.

 Anoche, en su cumpleaños número siete, mi hija decidió poner bien en claro que es una digna hija de su padre, que lo lleva en la sangre, que la anarquía está viva en sus genes como en los míos, que lo que se hereda no se hurta y así seguirá siendo mientras mi ADN lo permita.

Delató uno a uno los trucos del mago, le dijo que su papá también lo era y que esa caja de cortar gente es una mentira porque la chica que está adentro es contorsionista. Sacó la paloma del sombrero con doble fondo y, por último, ella misma hizo flotar la mesa en el aire. Todos trucos que yo tengo y le he enseñado. El mago, completamente ridiculizado, cortó su función. Acto seguido, la señorita de caritas pintadas estaba asombrada porque, previa amenaza a sus amiguitas, dio la orden de pintarse la lengua de los Rolling Stones en la cara y quien no lo hiciera simplemente no jugaría con su Furby. Mientras la animadora del show de Violeta cantaba, ella subió a mi cuarto a tocar la batería y me pidió que conectara mis guitarras eléctricas. A la hora de soplar las velas y pedir un deseo, dirigió la mirada a una mamá y le dijo: "mi papá dice que sus tetas no son naturales, que son siliconas, ajj" (cosa que es verdad, efectivamente lo dije cuando ella me preguntó por qué esa señora tenía tetas más grandes que su mamá).

Confirmado, mi niñita está buscando su identidad, es una chica punk. La especie está salvada, ha pasado mi control de calidad ISO 9001, por sus venas corro indefectiblemente yo. Sólo que lamento comunicarte que acabas de perder la oportunidad de ir a Disney este año. Estás castigada, y yo también. No dejes de hacerlo nunca, es tu esencia, de eso no nos podemos escapar.

Fuente:
«Somos», suplemento sabatino de El Comercio, nov. 30 de 2013, pág. 92.
Las gracias a Luis Espinoza, del blog «Subte Rock», por la imagen digitalizada del artículo que tuvo a bien compartir en mi muro del Facebook. La foto de Galdós fue tomada de aquí.

jueves, 12 de septiembre de 2013

CONCIERTO SUBTERRÁNEO CON EUTANASIA Y SOR OBSCENA, ORGANIZADO POR LOS EX KLOAKA (1989)

Exactamente un año después de la última posteada -la cual hacía alusión a la conmemoración de los veinte años transcurridos desde la desaparición de la movida del Rock Subterráneo-, retomamos el proyecto del blog con la intención de no abandonarlo más. Así que, sin mayor trámite, presentamos una nota publicada en un diario de circulación nacional el año de 1989, referido a un concierto organizado por ex miembros del ya por entonces desaparecido movimiento poético 'Kloaka' en el centro de Lima y en cual se presentaron las bandas Eutanasia y Sor Obscena.

Las gracias a Nicolás Morales, guitarrista de Eutanasia, quien nos facilitó muy gentilmente la copia que hoy reproducimos.


VIAJE DE SUBTERRÁNEOS EN LA KLOAKA
TARDÍO HAPPENING ASOLÓ LIMA (por Alberto BOURONCLE)

El objetivo era la toma ritual de la plaza San Martín bajo un confuso llamado de «Canto a la vida», pero los sucesos de la plaza Manco Cápac obligaron a un cambio imprevisto. Roberto Bernal, nuestro reportero gráfico, ya intuía esta reacción cuando cruzábamos por las inmediaciones de la torre de Lima. En la plaza, un grupo de personas rodea a un músico botellero mientras un guardia saca a unos chiquillos de la pileta. Al fondo, una solitaria tanqueta nos recordaba la inminencia del paro armado. Pero también está la gente caminando despreocupada, pasando su feriado en la plaza San Martín. Algo se avecina.

Después de un rato recidimos ir a la dirección de los hechos: los altos del cine Le París. Junto a los afiches de «La tía de Mónica» están los de «tanatos go home». Tenemos que cruzar la cortina metálica que vigila un atemorizado guachimán. En la puerta hay gente, el lugar les parece raro, pero esperan una señal.

Más allá de la puerta está PP-Lucho del grupo NN conversando con Mary Soto. Entramos junto con una collera de «punks» o subterráneos. La estrecha escalera tiene pistas a ambos lados; un «pollo» para cada lema es la respuesta de los subtes.

En el segundo piso hay más gente, el color predominante es el negro, algo fúnebre para un canto a la vida. Algunas botellas de Cien Fuegos, vacías y a medio tomar, parecen ser preludio de una juerga brava, un «happening» a carta cabal.

Esta es la respuesta a una situación en la que impera la muerte, queremos hacer un homenaje a la vida, nos dice Mary Soto -ex Kloaka- abrazando a su pequeña hija. Son las cinco y media y la gente todavía sigue llegando. Por allí se aparece Roger Santiváñez, poeta todo de negro con lentes oscuros. Este es un evento que no busca institucionalizarse, ha surgido por la coyuntura, es espontáneo. Lo que esperamos es volver a coincidir, tercia Mary.

El local ha sido prestado gratuitamente por un mecenas. Aquí funciona una academia preuniversitaria así como una pequeña escuela de arte. Domingo de Ramos, vate subterráneo, es uno de los organizadores; él se encuentra resentido por la forma en que se le adjetivó después de los sucesos de la embajada soviética. "¿Cómo voy a faltar a Pablo Guevara si él ha presentado mi libro?", trata de disculparse.

A las seis de la tarde el pequeño local está casi lleno y se puede notar las diferentes colleras. Un grupo de chicas sanmarquinas conversan casi a la entrada; se enteraron de esta performance cuando caminaban por la Colmena buscando algo que hacer. Afirman que les parece buena idea hacer un espectáculo por la vida. "Esto se parece a lo que se hacía en la Carpa Teatro, hasta se ven las mismas caras", dicen entre mohines.

Al parecer, se trata de hacer un rescate de la estética de los ochenta aunque algunos de los exponentes parecen pertenecer a la generación anterior. Es evidente que no existe una corriente definida, cosa que los participantes destacan con orgullo.

El programa empieza con Clara Petrozzi al violín. Le pasó la voz César Ángeles y a ella le pareció bien la idea de hacer un homenaje a la vida. En su presentación se refiere a la aparente contradicción de "tocar a la vida" con música de compositores muertos hace tanto tiempo. Tres piezas después, subtes e intelectuales por igual aplauden a rabiar. El auditorio está a tope y es el turno del grupo Eutanasia, que se presenta con una posición crítica (empezando por el nombre). Lo hacen muy bien, tienen fuerza y ritmo, admás cuentan con su hinchada incondicional. Terminan de tocar y se quitan con ellos la mayoría de panqueques.

"Dicen que es un recital por la vida, pero mirarles las caras todos seriazos parece un velorio", nos dice el vocalista Kike 'Excomulgado', "y disculpa, pero hace frío y queremos tomar unos tragos pa' calentarnos".

El turno es del grupo Sor Obscena. Ellos hacen una música con apoyo del teclado, no tiene la fuerza de Eutanasia pero sí algo más de técnica. El micro de la voz es muy malo y los textos no se entienden para nada. En la sala del costado ya hay un pasafdo de vueltas y casi hay bronca, pero Mary soluciona el incidente.

Entre tanto, los poetas aguardan su turno para leer. Por allí están Rafo Dávila, César Ángeles, Edián Novoz, Domingo de Ramos y el propio Santiváñez. Antes le toca el turno a un grupo de teatro Ulkadi, que empieza con música de Pink Floyd. «Time», la obra, al parecer creación colectiva, quiere demostrarnos el fracaso del esquema del "flower power" frente a la realidad cotidiana enfrentando a un burócrata ansioso por no llegar tarde a un trabajo y a un hippie excesivamente irónico. El resultado es contradictorio y las no-respuestas del hippie parecen más convincentes que el drama del burócrata. Después de leer un largo y aburrido manifiesto, la gente aplaude; "no han debido aplaudir", alega el actor Memo Gutiérrez, "métanse sus aplausos al poto".

Cuando les corresponda a los poetas leer, más de la mitad de la gente ya se ha ido. Son casi las nueve y algunos se muestran un poco desilusionados, pero sólo un poco. Saben que lo suyo es lo más difícil, que no atraen multitudes.

Quizá hicieron mal en dejar las lecturas para el final, pero así se evitan las iras de los subtes que suelen ponerse violentos a la menor provocación. "Ya los vamos a tranquilizar", asegura Domingo.

Fuente:
El Nacional (Lima), nov. 5 de 1989, pág. 43. Las fotografías de la nota original son de Roberto Bernal.