viernes, 18 de septiembre de 2009

HOMENAJE ANARQUISTA EN LA TUMBA DE GONZÁLEZ-PRADA (1990-1991)-1

A casi veinte años de distancia de estos homenajes podemos preguntarnos: ¿qué fue, en realidad, la movida del Rock Subterráneo? ¿una simple movida musical, acaso? ¿o el germen de una expresión mayor cuya historia apenas y empieza a contarse? Pocos recuerdan hoy el trabajo realizado por una minoría de subtes involucrados en la frustrada organización de un movimiento ideológico de tipo anarco comunista al interior de la movida cuando el país se desangraba en medio de la guerra civil de hace apenas tres décadas. Y, sin embargo, existieron, a pesar de que la perspectiva que dan los años transcurridos puedan convertirlos hoy en figuras un tanto anacrónicas y dogmáticas.

Rescatamos aquí el testimonio escrito y gráfico de un grupo de ellos, en los homenajes tributados durante los primeros años de la década del 90 al maestro por excelencia del anarquismo peruano, don Manuel González-Prada (1844-1918), quien se haya sepultado en el Cementerio-Museo «Presbítero Maestro». Entre ellos se distingue, rápidamente, al estado mayor del sector más radical de la movida subte: los miembros de la banda Eutanasia (Qiqe, Nico y Pepe), junto a un grupo de integrantes, algunos de ellos, de bandas de la misma ideología
(caso de Rudy, de Exilio, Miguel ‘Det’, de Anti –autor, además, del texto que viene a continuación–, y el ‘Chato’ Víctor, futuro P.T.K.) y de habituales concurrentes a las reuniones en «El Hueco».


AMIGO MANUEL... ¡PRESENTE!


El domingo 22 de julio de 1990 y tras un largo tiempo de ominoso olvido, la tumba del amigo y maestro Manuel González-Prada, muerto hacía exactamente 72 años, fue visitada por un puñado de anarquistas dispuestos a luchar y a morir por aquello que nos une a quién escandalizó y depuró con el fuego de sus palabras toda una época y una realidad que, como hoy, esconde la pus de la opresión, la corrupción y el engaño (hoy, bajo la careta de una “democracia representativa”).


Esperábamos encontrar eco en alguna organización sindical (los partidos hieden), pero solo encontramos la sagacidad de quien mide sus actos con el interés del que quiere ganarse una curul parlamentaria. Su tumba sucia, cubierta de hojas secas, olvidada, nos hizo ver hasta que punto se desentienden de su pensamiento anarquista, anticlerical y crítico, quienes decían hasta no hace mucho ser sus discípulos y ahora compiten en elecciones o con las armas por dominar al pueblo y administrar nuestras vidas. Por ello, la marcha más que una marcha de homenaje, fue de reflexión. Un profundo silencio se percibió en 15 jóvenes y bulliciosos presentes cuando, puños en alto, llegamos hasta la tumba (una piedra enorme como la honestidad de quien cubre), el silencio de quien se sabe comprometido consigo mismo a la lucha por la liberación total y definitiva del hombre, a la realización de esa obra de la cual nos habló tanto tiempo el amigo Manuel:


“Hay aquí una juventud que lucha abiertamente por destrozar los vínculos que nos unen a lo pasado , una juventud que desea matar con muerte violenta lo que parece destinado a sucumbir con agonía importunamente larga... o combatientes o esclavos... ¿por qué esperar todo de arriba? En la nación bien organizada todos mandan, todos trabajan, todos velan, porque hacen a la vez de capitán, de tripulación y de pasajeros... el odio justo salva a las naciones, el odio inmutable al enemigo”.


¿Quién es el enemigo? ¡Pues el enemigo es la autoridad! ¡DESTRUYÁMOSLA!


Fuente: Asco (Lima), Nº 2, pág. [3], 1990.