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martes, 1 de abril de 2008

CAÍN Y ABEL [16] - por Rafo León

EL CHORO
Puta’on, estaba soñando mostrazo que vivía dentro del desagüe con Flatulencia y tocábamos y todos los mojones bailaban, choche, igualito al último concierto en Los Reyes Rojos, compadre, la caca haciendo pogo y todo el sistema alienado asustadazo. Oe, era bacanazo porque después del concierto en el desagüe, puta’on, todos nos quitábamos al Palacio de Gobierno a computar un grupo metalero que tenía de vocalista, oe, a Alan García, choche, y puta’on, cantaba un tema contra los banqueros y Bedoya, con mi viejo y mi vieja a los costados, puta’on, hacían un coro con el estribillo “y va a caer, y va a caer”, puta’on, y los banqueros se mandaban su pogo y todo era, oe, puro sistema alienado de los metaleros y los pitupunk, porque terminaban todos cantando “tengo una vaca lechera”. Puta’on, justo cuando seguía el sueño con la respuesta que daba Flatulencia, oe, siento una huevada en la cara y abro los ojos. Puta’on, tenía una pata con media en el cachete, choche. Puta’on, ajusté bien mi foco de luz y computo a un patita que entraba por la ventana que está junto a mi catre, ¿manyas? Puta’on, cuando el choro ampayó que yo me había despertado, sacó una punta y me la puso en la garganta, puta’on, y con el dedo me hacía "shhh". Puta’on, cuando lo miré bien, me di cuenta que el choro era el Huevo Pérez, choche, un pata del barrio que era buenazo en guitarra eléctrica y computaba cómo grabar bien las maquetas, pero oe, entró al pastel y mancó, choche, puta’on, sólo empezó a vivir para sus tolas. “Huevito”, le dije, y el loco me contestó bajito que si hacía roche me daba vuelta. Puta’on, no me conocía el Huevo, choche, porque en ese momento, oe, él era un subterráneo quitando sus riquezas al sistema alienado capitalista y si fuera comunista también alienado, choche, a pesar de que en mi jato no hay riquezas sino huevaditas nomás. Puta’on, me levanté del catre y le dije que lo iba a ayudar en su chamba, oe, y el Huevo casi se raya porque lo empecé a guiar a donde pudiera encontrar huevadas para poner al palo, choche; puta’on, yo no le entro al pastel pero me vacila la destrucción del universo, ¿manyas? Puta’on, fui a la cocina y le traje la bolsa del pan para que metiera, oe, las tabas lustraditas y las medias nuevas de Abel; puta’on, después entramos de puntitas al cuarto de mis viejos donde nos alzamos el radio y después abajo la licuadora y un cenicero de la sala. Puta, cuando estábamos buscando más, oe, encontré la botella de ron que mi viejo encaleta para chupar sin que mi vieja lo joda. Puta’on, Huevito, le dije, vamos a tirar trago y déjate de huevadas. Oe, al toque se sentó en la sala y a oscuras empezamos a acordarnos de antes y puta’on, nos emocionamos y compusimos juntos un tema de puta madre, choche:

Puta’on, estábamos cantando a gritos, choche, y en eso bajó Abel diciendo que lo raptaban y detrás de él mis viejos, puta, con las escobas para agarrar a palazos a Huevito, puta’on, una pobre víctima del sistema, y se armó un chongazo mostrazo, puta, pero después fue bien tranca explicárselo al tombo que vino…



¡Qué horror, santo Dios, lo que hemos tenido que pasar en mi hogar! Todo porque el gobierno ha quitado el toque de queda y estamos expuestos a que pase cualquier cosa, señor. Fíjese, yo estaba soñando plácidamente una cosa maravillosa. Se trataba de que mi santa madrecita se divorciaba de ese hombre que es mi padre y formalizaba nuevo compromiso con Bedoya, señor, el único ser que tendría derecho a ser su esposo por la dignidad que tiene, y se casaban en una ceremonia maravillosa, religiosa a pesar de estar divorciados, pero en mis sueños todo vale, ¿ya? Bueno, y después de la boda nos íbamos donde cada uno de los banqueros, esos señores tan decentes que han visto violar sus legítimos derechos, a devolverles sus bancos porque Bedoya no era Presidente sino Rey del Perú, igual a esas cabezas coronadas que salen en los Hola que mi madrecita compra de segunda mano en el mercado. Bueno, y en la noche de bodas el Rey Bedoya y la Reina me invitaban a su cama para que les escriba poesías como ésta:

Linda mi poesía, maravilloso mi sueño, hasta que me desperté porque sonó la ventana del cuarto y qué cree que descubro cuando abro los ojos, señor, a un cholo horrible con un puñal amenazando a mi mellizo. Casi muero, santo Dios, pero mi instinto de conservación hizo que me quedara calladito y me hiciera el dormido. Pero me fleté una conversación entre mi hermano Caín y el ladrón que me pareció demasiado. Caín lo trataba como a un igual porque era su amigo del barrio, y yo me quería morir porque me sentí expuesto a que el delincuente me violara. Por eso me seguí haciendo el dormido e hice una mueca bien fea, no fuera a ser que mi rostro de ángel bueno despertara en el insano sus bajas pasiones. Después el par de salvajes salieron a robar íntegra mi casa, los artefactos eléctricos, los muranos, la platería, las joyas de mi madrecita, no contentos con haberse llevado mis pertenencias más íntimas. Pero yo, erre con erre, haciéndome el dormido porque mi integridad era lo que más me interesaba en ese momento. Cuando sentí que estaban por la cocina, en ese momento me levanté y de puntitas entré al cuarto de mi madrecita, y cuál fue mi espanto cuando descubro que ese hombre que es mi padre estaba durmiendo encima de ella, presionándole con su cuerpo el único seno que le queda, porque, señor, estaban durmiendo desnudos. Felizmente que yo les tenía que comunicar lo del ladrón porque con ese pretexto le di unas duras palmoteadas en la espalda a ese hombre hasta que se despertó y dejó libre a la autora de mis días. Cuando reaccionaron les expliqué en susurros lo que estaba pasando. De inmediato ese hombre que es mi padre empezó a desarrollar un operativo de seguridad magnífico mientras mi progenitora y yo cantábamos bajito los himnos a la virgen que nos enseñan en la parroquia. De pronto sentimos que en la sala sonaba algo así como uno de esos espantosos conciertos de los que participa el Caín, mellizo mío por desgracia. No podía creer que ese hermano se hubiera puesto a cantar con el ladrón, lo único que se me vino a la cabeza era que me iban a secuestrar para pedir rescate y bajé hecho una noche a pedirles que no traigan desgracia al hogar, seguido de mi madrecita y ese hombre con palos de escoba, listos para protegerme. Cuando llegamos a la sala efectivamente estaban bebiendo juntos y cantando cosas horribles. El policía que después trajo ese hombre que es mi padre no entendió nada y se fue, dejándonos con el terror en casa…

Fuente:
¡No!, suplemento humorístico del semanario Sí (Lima), Nº 27, págs. 6-7, ago. 24 de 1987. Las caricaturas son obra de Juan Acevedo.

CAÍN Y ABEL [17] - por Rafo León

LA LOCA «TORREJA» Y EL MITIN DE VARGAS LLOSA

Puta’on, ¿tú computas a la rayada que vive al fondo de mi quinta? Oe, la loca Torreja, esa que sus viejos no la dejan salir porque le mete pollos a todo el mundo y que, puta’on, en las noches se la pasa gritando que ella es, puta, la dueña de Santa Beatriz y se caga de risa. Puta’on, el otro día me estuve vacilando con ella, chochera, oe, el día que mis viejos y mi mellizo se quitaron al mitin de Vargas Llosa, puta, yo me quedé solo en el jato y me tiré en la cama a pensar en la maqueta que estamos haciendo con Flatulencia y además en un huevo de cosas, chochera. Oe, pensaba que la vida es una cagada, puta’on, que mi vieja tiene miedo de que le nacionalicen el televisor y mi viejo su carcocha. Puta’on, y el que más se caga de pánico es el ganso de Abel que, oe, ha escondido en el fondo del ropero una caja con su chompa, su rosario y cincuenta lucas para que el gobierno no le quite, choche. Puta’on, me estaba dando una depre mostra y en eso escucho un gritó así: “¡Viva yo, viva la reina del barrio, ja, ja, ja, ja, ja!”. Puta’on, y lo repetía como mil veces hasta que me asé y salí a hacer callar a la loca Torreja. En eso me cae un pollo en la cara y veo a Torreja que desde su ventana me saluda con la mano. Tenía una cara súpervacilona y dije, me cago en este sistema alienado de mierda, y me zampé por la ventana al jato de Torreja. Puta’on, llegué hasta la puerta de su cuarto y la abrí, choche. Oe, la loca parecía una chola punk, compadre, con la cabeza que era un chongo y apestando a mierda, puta’on, podía ser fácil la solista de cualquier grupo subterráneo y me sentí bacán. Puta’on, Torreja estaba sola en su jato porque sus viejos estaban con los míos en el mitin, entonces le dije a la loca para salir a la calle a vacilarnos. Puta’on, me contestó que hacía un huevo de años que no veía sus propiedades y nos quitamos, choche. Puta, fuimos donde el Chino Aurelio y le convidé una Fanta. Puta, todo el mundo en el Chino se asustó con la loca cuando empezó a escupirles gaseosa y yo me cagaba de la risa. Después la llevé a la parroquia y el cura Joaquín se asó porque ella se subió al altar y le cagó la misa porque arriba se puso a cantar y a bailar merengue, choche. Puta’on, después fuimos a la esquina y nos quedamos hablando huevadas hasta que apareció Caca Verde y después la Pocha Caracha y nos empezamos a cagar de frío. Fuimos a mi jato, saqué el ron de mi viejo de su escondite y nos pusimos a tocar. Puta’on, hice un tema mostrazo:

Puta’on, estábamos ahí vaciladazos y en eso se abre la puerta: era mi familia alienada por el sistema que regresaba de su huevada, choche. Puta’on, mi viejo estaba chato, mi vieja pálida y el ganso parecía la novia de Vargas Llosa. Puta’on, pero se les acabó la cojudez cuando computaron a Torreja. Abel se metió bajo el sillón porque le tiene miedo y mi vieja la botó con el agua caliente del thermo. Puta’on, vinieron los viejos de Torreja, la amarraron con las tiras de una sábana y se la llevaron, puta’on, y ahí se acabó otro vacilón de Flatulencia…


Ay señor, qué divino, qué divino estuvo todo hasta que apareció el salvaje de Caín en mi vida. Bueno, estuve en el mitin de Vargas Llosa, con decirle que me hizo acordar todo el tiempo al profesor Beltroy, el distinguido señor que me enseña música en la escuela y piano en su residencia. Sólo que Vargas Llosa es un poco más joven y con una mirada dura y tierna que me enloquece, señor. El que me convenció para ir fue justo el profesor, me dijo que este gobierno totalitario nos va a quitar todas las propiedades y se va a comer a los niños, así que hice mi escondite para mis bienes y empecé con la campaña en casa. Ese hombre que es mi padre estuvo de acuerdo porque en la empresa en que se desempeña como vendedor de libros están asustados, le digo, ay señor. Bueno, y a la santa madre que me concibió sí me costó trabajo convencerla, ella me decía que es una mujer de su casa, sin intereses políticos y sin riquezas que perder, pero le dije que si no iba, ese hombre que es mi padre se iba a encontrar en la manifestación con una secretaria de su empresa que se muere por él, y ahí mi madre aceptó de inmediato, señor, porque ella es tan amorosa como celosa. Bueno, señor, el viernes por la noche nos juntamos con unos distinguidos vecinos de Santa Beatriz y tomamos el carro que nos dejó en Carabaya. Llegamos con mucho esfuerzo a la plaza, porque había muchísima gente, toda también de lo más distinguida, y nos dieron banderitas y vinchas. A ese hombre que es mi padre la vincha le quedaba de lo más ridícula pero cuando se puso a gritar “Vargas Llosa es otra cosa”, ya se compuso. Mi santa madrecita parecía una virgen, toda tristecita, sin atreverse a gritar, hasta que la vecina con que fuimos le dijo: “grita, chola, yo igual no sé que hago acá pero es diversión para los pobres”. Ahí se animó un poco y yo lloraba de la emoción de ver a toda esa gente de los barrios más exquisitos que se habían puesto sus mejores galas para ir a vivar por la libertad, señor. Nos ubicamos cerca de la entrada de La Colmena, no muy apachurrados porque yo suspiraba de los nervios de que nos mojara el rochabús. Ese hombre que es mi padre se encontró con otros de su empresa y empezaron a beber cerveza hasta que se embriagaron y sus gritos eran más entusiastas, señor. Lo único que no me gustó fue que un hombre se colocó detrás de mi madrecita y con el cuento de la manifestación empezó a sobársele. Yo ya le iba a acusar a ese hombre que es mi padre cuando salió Vargas Llosa y empezó a hablar y yo casi muero de la emoción. Todo fue maravilloso y el profesor Beltroy, que estaba cerca de nosotros, se emocionó tanto que ya no gritaba las cosas que nos habían dicho sino otras como “Vargas Llosa es un churrote”, fíjese. Bueno, regresamos en el micro con los vecinos y cuando llegamos a la casa sentimos desde la calle una bulla infernal. Todos supusimos que era el brutal de Caín con sus espantosos amigos haciendo sus porquerías como siempre. Para que mi madrecita no se pusiera mal le pasé un papelito con un verso lindo que yo había escrito durante la manifestación:

Bueno, señor, y casi fallezco de pánico cuando dentro de la casa vi a la loca Torreja, esa demente del barrio que es una desgraciada. Me tuve que meter debajo del sillón, mientras el salvaje de mi hermano se reía como un diablo. ¡Qué diferencia con toda la belleza y distinción que habíamos visto en el mitin…!

Fuente:
¡No!, suplemento humorístico del semanario Sí (Lima), Nº 28, págs. 6-7, ago. 31 de 1987. Las caricaturas son obra de Juan Acevedo.

CAÍN Y ABEL [18] - por Rafo León

CON LA POCHA CARACHA

Puta’on, mi vieja se quitó de viaje a Chimbote y mi viejo, oe, puta’on, se borró durante tres días del jato y, oe, sólo venía tarde para jatear porque se está cepillando a una cocha de su chamba. Puta’on, mi jato se convirtió en total liberación. Puta’on, mi vieja se quitó asadaza, tuvo que ir a Chimbote porque su hermana, puta’on, mi tía, se enfermó y mi vieja le encargó a mi mellicito Abel que hiciera de ama de casa, y el ganso no se quitó el mandil ni para cagar, choche. Puta’on, pero se armó un chongazo porque el sistema alienado no deja que los cholos punk, choche, los subterráneos, puta, hagamos el sexo libre, oe, la represión del sistema alienado quiere que todos seamos como Abel, que pagó pato por el vacilón que armamos la Pocha Caracha y yo y se cruzó con el té de cochas que él organizó y todo fue un cague de risa. Puta’on, el sábado estábamos con Flatulencia ensayando en la azotea del edificio de Menstruación Aguirre y el ensayo estaba como la puta madre, choche. Puta’on, estábamos improvisando temas sobre cómo los coches bomba son una cagada frente, oe, a lo que podemos hacer los anarquistas, y yo me había bajado tres chatas de ron y, puta’on, me empezó a entrar una arrechura mostra porque me vacila como loco computar a la Pocha Caracha cantando que la caca es vida, y, puta’on, perdí el control, me cagué en el ensayo y le dije a Pocha Caracha para quitarnos a nuestro jato para seguir el vacilón. Pocha Caracha no cree en nadie y, oe, me dijo que bacán, para vengarnos de los sucios sinchis. Llegamos al jato, saqué la caleta de ron de mi viejo y subimos a mi cuarto. Puta’on, estábamos huascas y empezamos a cagarnos de risa rebuscando, oe, los cajones de Abel y pintándole trolas a sus fotos de artistas. Puta’on, después nos cayó el huayco y nos tiramos en mi catre a joder al sistema alienado. Puta’on, estábamos empezando y siento, oe, que Abelito llega de la calle cantando los nenes con los nenes. Empezamos con Pocha Caracha a cagarnos más de risa. Puta’on, no computábamos nada y le grité a Abel que subiera. Choche, llegó al cuarto y se cayó de culo al suelo, puta, franco, cuando vio a Pocha Caracha en calzón y a mí calato y al palo, choche, y peor que nos cagábamos de la risa. Puta’on, empezó a cantar cantos de iglesia y creo que se rayó porque no dijo nada más y se bajó a la sala diciendo “tías, no está mi hermano, debe haberse ido a estudiar, así que tomamos lonche nomás nosotros”. Puta’on, con Pocha Caracha nos mandamos un polvo que, oe, sonó como la puta madre, y mientras más sonaba, puta’on, abajo Abel gritaba más para que las cochas no escuchen. Puta’on, cuando acabamos el bacilón nos cayó la depre y nos pusimos a improvisar un tema nuevo para la maqueta de Flatulencia:

Puta’on, seguíamos ahuevadazos mientras abajo Abel y las tías tragaban como la puta madre y nos dio hambre. Puta’on, como estábamos chatos nos olvidamos de vestirnos y nos bajamos calatos, choche. Puta’on, ahí sí que se armó un chongo que no lo hizo ni Syd Vicious cuando se corrió la paja en un concierto. Choche, yo le di beso a todas la cochas y Pocha Caracha también y no computamos que las cochas empezaban a llorar y a rezar no sé qué huevada. Mi mellizo Abelito se rayó, choche, porque agarró las fuentes de sanguchitos y empezó a tirárnoslas encima, puta’on, gritando que iba a llamar, oe, a la DIRCOTE para que nos lleven a Lurigancho, puta, y en ese momento llegó mi viejo y, oe, hasta ahora no entiendo por qué se empezó a cagar de risa de todo y se puso a chupar con Pocha Caracha y conmigo, puta’on, mientras las cochas se quitaban corriendo y Abel pidió permiso para quedarse donde mi tía Edith hasta que regrese mi vieja…


Horror, espanto, Apocalipsis, qué le puedo decir, señor, en relación a lo que el salvaje de mi mellizo ha hecho en casa aprovechando la penosa ausencia de mi santísima madrecita que Dios me dio. Fíjese, es una historia tan horrible que de sólo contársela me siento como una mujer en su periodo. Todo empezó cuando la santa madre que es mi madre tuvo que viajar a la bella ciudad de Chimbote, donde radica parte de su distinguida familia, porque su hermana, mi tía Ofelia, se puso muy grave y en cualquier momento entrega su ser al seno del Señor. Antes de viajar mi sacra madre se preocupó tanto de tanto, señor, que la casa, que ese hombre que es mi padre no se meta con otra, que la bestia de mi mellizo, etcétera, etcétera. Pero yo le di toda la confianza del mundo de que el hogar iba a marchar como un anís, sin imaginarme el horror que me iba a hacer pasar el Caín. Bueno, apenas ella se fue, hice la lista de las comidas para todos los días, y fíjese cómo es la gente de desagradecida que ni ese hombre que es mi padre ni mi mellizo venían nunca a almorzar y la comida se me quedaba, señor. Bueno, me encargaba al regresar del colegio de hacer las camas, barrer, planchar y me daba mi tiempo para ver Cuerpo a Cuerpo, igual que mi adorada progenitora; era cómo si yo fuera ella, señor, una sensación de lo más maravillosa, hasta me imaginaba estar en la cama con ese hombre que es mi padre y tener que aceptar con asco esas cosas que dicen que hace la gente casada cuando está junta. El sábado pasado, sin embargo, todo cambió y cundió el caos en mi hogar. Yo había decidido hacer un tecito para mis tías y primas más queridas, sin ningún motivo, señor, sólo por organizar algo que a mi madrecita siempre le hubiera encantado hacer pero no puede por falta de plata, pero yo había conseguido unos ahorritos gracias a las economías que pude realizar. Le pasé la voz a mi tía Carmelita y sus hijas, la Ceci y la Patty. También a mis tías solteras Elsa y Normita, que son mellizas como Caín y yo. Por último a mi prima segunda Yolanda y su hijita Mery. Preparé un queque de dos huevos, compre Dorina y diez panes franceses y hasta una botella de gaseosa de a litro, fíjese señor. Ya casi a la hora tuve que ir al chino a cambiar la Dorina porque la que compré estaba aguachenta y qué le digo, cuando regreso de nuevo a la casa, siento en los altos unos ruidos de lo más raros. Era la voz de Caín pero también había la de otra persona y decían barbaridades que no puedo repetir y que ni siquiera entendía. En eso el Caín me llama, yo subo y que cree que me encuentro: a la asquerosa flaca que es su enamorada en prenda íntima sentada en la cama de mi hermano, y a él completamente desnudo y así, cómo le digo, con esa cosa toda dura, matándose de la risa y la botella de alcohol en la mano. Le juro que perdí el conocimiento y sólo se me vino a la mente componer una plegaria:

Pero al momento me repuse porque me llamaba el deber y además justo sonaba el timbre. Puse mi mejor cara, como si nada pasara y bajé a abrir. Ay, eran todas, y mi tía Normita me traía un budín para completar el té. Yo temblaba como una hoja de que el Caín hiciera alguna barbaridad, y mi espanto fue justificado porque justo cuando estábamos hablando de los colegios de los chicos, la flaca y él bajaron sin ropa y se creó el infierno. Mis tías gritaban, Yolanda le tapaba los ojos a Mery y yo perdí el control. Para colmo llegó ese hombre que es mi padre, totalmente bebido, y se solidarizó con los salvajes, tanto que se sentó con ellos a seguir bebiendo mientras mis invitados vomitaban del espanto. Con decirle, señor, que para huir del horror estoy durmiendo en el cuarto de la muchacha de la casa de mi tía Edith.

Fuente:
¡No!, suplemento humorístico del semanario Sí (Lima), Nº 29, págs. 6-7, set. 7 de 1987.

CAÍN Y ABEL [20] - por Rafo León

EL DESALOJO
Puta’on, en mi jato se armó el hongo atómico, chochera, puta, por culpa del sistema alienado en la persona de, oe, la dueña del jato, que es una cocha horrible, compadre, con las patas chuecas, sin culo y una cara, puta’on, que parece el chino Pipilitonga de Risas y Salsa, chochera. Puta’on, estábamos con Flatulencia ensayando en mi cuarto el viernes por la tarde, oe. Puta’on, estaba mostrazo el ensayo con los temas de una nueva maqueta que vamos a grabar con Podredumbre. Puta’on, la maqueta va a rayar en La Nave de los Prófugos, oe. Puta, es como una ópera rock con la historia de un pata que nace en el desagüe, desde chibolo aprende a correr tabla encima de un mojón y es feliz. Puta’on, un día viene una collera de metaleros en un río de orines y le dan vuelta porque el pata era cholo, chochera. Puta’on, los patas del patita deciden vengarse y, puta, arman un grupo que se llama Tu Vieja También Esputa (abreviado como Tu Vieja), y se arma una guerra bacán pero sólo de música, oe, porque los lorchos no eran violentos. Pero, puta’on, igual, con las armas de la música ganan y expulsan, oe, a los metaleros y estos cabrones, puta’on, alienadazos por el sistema, forman un movimiento que se llama Libertad y deciden aniquilar a toda la indiada, pero no van a poder, puta, y no te cuento el último tema, que es la cagada, para que compres la maqueta, chochera. Puta’on, estábamos en el tema del Mojón Cariñoso y en eso oigo a mi vieja que pega un grito horrible, chochera, y al toque otro grito igualito de mi gemelo Abel. Puta’on, pensé que era la telenovela y seguimos tocando. Pero al ratito otra vez, mi vieja y me hermano gritaban, ay guardia no sea malito, vea que somos una familia decente. Puta’on, en eso veo que Abel entra al cuarto hecho una pichula, abre su cajón, saca su botella de agua de azahar y se zampa la mitad, mientras, puta’on, abajo seguían los gritos, mi viejo acababa de llegar y también gritaba así: "¡vieja concha de tu madre, no te vas a salir con la tuya!". Puta’on, al toque computé que nos estaban desalojando porque debemos dos años de alquiler, compadre. Oe, decidí que con Flatulencia podíamos hacer justicia, puta’on, igual que en nuestra ópera rock, puta, con las armas de la música, ¿manyas? Les dije a Flatulencia que íbamos a tener un concierto con nuestro tema más agresivo y bajamos. Puta’on, en la sala mi vieja estaba arrodillada en el suelo con Abel rezando, mientras mi viejo, oe, se estaba mechando con un tombo. Otros dos tombos ya habían sacado a la calle los sillones de la sala y, puta’on, empezaban con el comedor, y la dueña horrible no paraba de hablar huevadas, choche. Puta’on, toda la quinta estaba afuera y nos pareció un escenario mostro para este tema:

Puta’on, cuando íbamos por el bis 20, choche, la dueña del jato ya estaba desmayada y los tombos se nos venían encima para detenernos. Puta’on, pero no contábamos con que la loca Torreja, oe, la vecina rayada que es un pase de vueltas, se iba a escapar de su jato. Puta’on, venía con las ollas llenas de agua sucia para tirarle a los tombos y se armó la batalla campal, oe, Flatulencia y Torreja contra los tombos. Puta’on, armamos tal chongo que la vieja, oe, la dueña del jato se asustó porque los tombos le estaban cagando la fachada de la casa y ya habían tirado una puerta abajo, puta’on, y le dijo al juez que retiraba la demanda y el concierto siguió festejando el triunfo de la música de Flatulencia.


Ay, Señor de la Clemencia, Virgen del Perpetuo Socorro, la que nos ha tocado vivir, señor, a los Gonzáles Fernández, familia decente y distinguida de Santa Beatriz. Claro, la culpa es de ese hombre que es mi padre por incumplido, incapaz de pagar el alquiler durante dos años, gastándose la plata en mujeres y en bebida, mientras palpita de la pena el corazón de la santa madre que Dios me dio, ahí detrás del único seno que la Providencia le dejó (para desgracia de mi gemelo Caín). Bueno, señor, fíjese, el viernes pasado por la tardecita yo estaba con mi madrecita zurciendo medias, sobre todo las de Caín y las de ese hombre que es mi padre, porque mis pies de algodón no destruyen medias. Mientras laborábamos, con mi madrecita conversábamos de cosas tan divinas, oiga. Le hice contar a ella como cinco de veces el momento de su alumbramiento, cuando vio a Caín todo hinchado y sanguinolento y se echó a llorar, en cambio yo, limpito y rosado, ávido de lactar y capaz de hacer volver la sonrisa a los labios de la mujer más dulce del universo. En eso, el timbre. Salimos los dos juntitos a abrir la puerta, siempre preguntando antes quién es, ¿no? Bueno, preguntamos y una voz de hombrón contestó, ¡el juez!, y de inmediato, la voz inconfundible de la dueña de casa que se deshacía en un rosario de lisuras. A todo esto, el conjunto del asqueroso de mi hermano tocaba sus mugres encerrados en mi cuarto, la confusión era general. Mi madrecita me dijo que venían a botarnos del hogar, a poner nuestras cosas en la calle. Cerramos la puerta con doble llave y pusimos, con un esfuerzo enorme, el sofá de la sala para trancarla. Mientras tanto no parábamos de gritar, hasta que a mí me dio el ataque y tuve que ir a buscar mi agua de azahar porque sentía que la vida se me estaba escapando, qué horror. Cuando bajo me encuentro que ese hombre que es mi padre había llegado, pero ya los brutotes de la policía habían tumbado la puerta y sacaban a la calle nuestras pertenencias, qué injusticia, fíjese que toda la vecindad, que estaba arremolinada, se tuvo que enterar de que nuestro sofá no tiene patas traseras y lo sujetamos con ladrillos, la vergüenza máxima. Bueno, cuando vimos con mi madrecita que la batalla estaba perdida, señor, empezamos a usar el último recurso, el de la oración, y fíjese que dio resultados. En momentos así mi inspiración se suelta y soy capaz de componer cosas como ésta:

Así son los milagros, pues. No habíamos terminado la oración cuando el salvaje del Caín aparece con sus harapientos compañeros, convertidos en soldados de Cristo dispuestos a luchar por nuestra causa. Yo no lo podía creer, y cogí fuertemente de la mano a mi madrecita, en el máximo de la complicidad por haber conseguido el milagro del Perpetuo Socorro. Bueno, yo estaba dispuesto a ver el milagro pero no el horroroso espectáculo de violencia que se venía. Agarré y me fui corriendo a meterme bajo la cama, y qué cree que me ocurre, pues de tanto trajín se me salió la pichi y me sentí tan mal que fui a buscar a mi santa madrecita, justo al momento en que la demente de la casa del fondo de la quinta, esa que me da pánico, se aparece a apoyar a mi gemelo en la batalla. Yo estaba tan mal que empecé a comprender a la dueña de casa, pobre, ella qué culpa tiene, una mujer tan noble que reconoció su error y retrocedió, sin saber seguro que todo eso era obra de mis oraciones a la Virgen del Socorro…

Fuente:
¡No!, suplemento humorístico del semanario Sí (Lima), Nº 31, págs. 6-7, set. 21 de 1987.

CAÍN Y ABEL [21] - por Rafo León

LA BORRACHERA DEL VIEJO DE CAÍN

Puta’on, ayer por la noche se armó el chongazo en mi jato y la huevada me sirvió para componer temas recontramostros, chochera. Puta’on, yo estaba en mi cuarto con Caca Verde oyendo la última maqueta de Sexo Brutal, oe, y mi vieja me llamó a comer. Puta’on, el Caca se quitó y yo bajé y estábamos en la mesa, puta, y yo lo jodía al Abel con el nuevo peinado que se ha hecho, oe, con raya al costado, y mi vieja se puso a llorar porque Abel también se había puesto a llorar. Puta’on, las debilidades del sistema alienado, compadre. Oe, en eso se abre la puerta y entra mi viejo recontra chato, choche, puta’on, se caía al suelo y tenía en la cara una marcaza de lápiz de labio, puta’on, y del bolsillo del saco le salía un calzón verde, compadre. Puta’on, seguro venía de donde su hembrita, oe, una cocha bigotuda que chambea con él y que mi viejo se caga por ella. Puta’on, a mí me lo ha contado mi mismo viejo esa vez que también llegó zampado y con Cochinada Tasayco le zampamos pepas para la lora en el trago y se pasó hablando hasta las diez de la mañana del día siguiente, choche. Puta’on, yo computo todo lo que pasa en mi jato, compadre, por eso soy un cholo punk súper mosca, ¿manyas? Puta’on, cuando mi vieja computó lo del lápiz de labio y el calzón, compadre, se puso a gritar fuertazo jalándose los pelos y el Abel la seguía igualito, choche. Yo comía mi grated de atún de la lata y pensaba en que el gobierno fascista del APRA se va a encontrar un día con los subterráneos y se va a armar la guerra civil, choche, para que mueran todos los alienados, bien bacilón, choche. Puta’on, en eso mi vieja agarra un azucarerazo de la mesa y se lo avienta a mi viejo en la mitra, compadre, y él se cayó al sillón, se levantó, agarró el sillón y se lo aventó a mi vieja. Puta’on, la pata se le metió a Abel al ojo y mi hermanito, oe, se meó, chochera, se meó de miedo. Puta’on, mi vieja siguió con la mechadera, gritando que él era un cabrón que en su cama no hacía nada y que se iba a otra cama a satisfacer sus necesidades, y juá mierda, le voló un plato con ajiaco que le cayó a mi viejo en el culo y le manchó todo. Puta’on, yo empecé a pensar en los patas de La Nave de los Prófugos, puta’on, en los bacilones juntos y en la música mostra, choche, mientras Abelito agarraba el periódico y le daba golpes a mi viejo en el brazo. Mi viejo se cagaba de la risa, choche, de los periodicazos, hasta que le cayó en la nuca el cuadro del Corazón de Jesús. Puta’on, cuando mi viejo rompió la pata de la radiola y se le iba encima a mi vieja, yo computé que era lo máximo y me mandé con esta improvisación:

Puta’on, impuse la rayadera total, porque mientras cantaba, oe, toda la quinta se acercó y empezó a computar por la ventana y a gritar y en eso mi viejo se acerca a mi vieja, la aprieta, le da su jeteada y empieza a paletearla. Puta’on, el Abel casi manca, choche, porque mi vieja al comienzo se resistía pero después empezó a bacilarse hasta que se quitaron corriendo a su cuarto y desde afuera escuchabamos unos gritos bien bacilones. Puta’on, tuve que echarle agua fría en la cabeza a Abel para que reaccione y de ahí me quité a buscar a Flatulencia para pasar la vida bajo la noche violenta…


Ay, Señor mío Jesucristo, qué poco me falta para meterme al convento o tomarme diez Mejorales para no ver lo que esta vida me obliga. Fíjese que tengo el ojo morado, todavía me duele el brazo de tanto dar periodicazos y, sobre todo, tengo el alma de luto por todo lo que ha pasado en el hogar ayer. Mire, yo estaba de lo más tranquilo, doblando la ropa limpia con la santa madre que Dios me dio, en eso llegó la hora de comer. Yo bajé a calentar el delicioso y fino ajiaco de papas que mi madrecita había preparado con sus sagradas manos.

También tuve que abrirle la lata de atún al Caín, porque él es incapaz de mover un dedo. Luego nos pusimos a cenar los tres, a la espera de que llegue ese hombre que es mi padre, porque las ocho es su hora de venir al hogar. Cuando en eso, ay Dios, se abre la puerta y entra ese hombre que es mi padre totalmente bebido, qué vergüenza. Pero lo peor es que llevaba encima las señales de haber estado haciendo obscenidades con alguna mujer, seguro esa vieja horrible que mi madrecita odia a muerte, una que se llama Doris y que trabaja como secretaria en la misma compañía de ese hombre que es mi padre. Ay, sentí una indignación mortal cuando vi sus mejillas todas manchadas de rouge, así son los hombres, y además, una prenda femenina íntima saliéndole del bolsillo del saco para el pañuelo. Era un salvaje, gritaba que esta vida era un burdel, palabra que desconozco pero que seguro es una cochinada, así son de sucios ese hombre que es mi padre y mi mellizo Caín, cortados con la misma tijera. Yo de inmediato sufrí un ataque de dispepsia y me puse a expeler gases de forma incontrolable, señor, así es mi organismo de sensible, pero eso le daba más cólera a ese hombre que es mi padre. Mi santa madrecita estaba fuera de sí y se defendió con uñas y dientes y también con la azucarera de oferta de Ña Pancha que pesa horrores, señor. El otro animal salvaje agarró uno de los finos muebles del salón y lo aventó, una pata le cayó a mi santa madrecita en el lugar del seno que no tiene porque se lo llevó la Providencia, y la otra pata dañó mi ojo color esperanza, inflingiéndome un dolor intolerable que me llevó a soltar el esfínter de la vejiga y, como se dice, me oriné, qué vergüenza. Y hablando de vergüenzas, lo peor de todo no era tanto la situación violenta, eso se puede arreglar dentro de casa, sino que toda la vecindad se tuvo que enterar y se aparecieron en la ventana como si fuera el programa de Ferrando. Todo el mundo metía su cuchara, unos de parte de mi sagrada progenitora, otros de parte de ese hombre que es mi padre, todo en medio de una canción horrible que se puso a cantar mi hermano. Yo, para tratar de ablandar lo que estaba pasando, me puse a decir fuerte una poesía de esas que transmiten serenidad al espíritu, a ver si calmaba el caos:

Pero después de todo el laberinto se produjo un cambio de lo más terrible, señor, porque ese hombre que es mi padre empezó a hacer cochinadas a mi santa madre pero lo peor fue que ella no era indiferente. Yo me desmayé porque por primera vez en mi vida sentí rencor hacía ella, un sentimiento terrible que me duro unos minutos, así es la vida de la gente sensible como yo…

Fuente:
¡No!, suplemento humorístico del semanario Sí (Lima), Nº 32, págs. 6-7, set. 28 de 1987.

CAÍN Y ABEL [25] - por Rafo León

«ESCORIA», LA LORA
Puta’on, el sábado en la mañana, oe, entré a la cocina a tomar agua porque estaba con un caldero de puta madre, y escucho una voz, oe, como de vieja que me dice: “lávate el poto, lávate el poto”. Puta’on, pensé que estaba alucinando, choche, oe, en eso veo que debajo de la mesa había una lora, compadre. Puta’on, me senté en el suelo y empecé a vacilarla. ¿Cómo te llamas?, le pregunté, y la pendeja me contestó: “Como tú, jajaja, como tú, jajaja”. Puta, al toque le puse Escoria y se hizo mi pata, compadre. Puta’on, la lora era un bacilón, choche, más tierna que una hembrita y súper cránea. Puta’on, yo tenía que hacer una tarea de literatura, puta, porque si me volaban en ese curso repetía el año otra vez, y le dije a Escoria que me ayudara, choche, y empecé a escribir lo que me dictaba, debajo del título "La poesía peruana moderna". Puta’on, salió esta tarea: “Escoria, la lora, lávate el poto, lávate el poto, dame mi comida, dame mi comida, vieja de mierda, vieja de mierda, tu papá es un cabrón, me cago en la vida, me cago en la vida, Escoria la lora, Escoria la lora”. Puta’on, el profesor Manrique, ése que es medio rayado y va al colegio con el terno manchado de sopa, puta, se puso mostro con mi tarea y saqué veinte, chochera, veinte, y el Abel de envidia le contó a Manrique pero el profe no le hizo caso, choche. Puta’on, pero el domingo Escoria armó un recontrachongo en mi jato, compadre. Oe, Abelito había invitado a tomar lonche al cabro Beltroy, el profesor de música que se quiere cepillar a mi hermano y nadie se da cuenta, compadre. Puta, yo todo el día anterior le había estado enseñando a Escoria la letra de un nuevo tema para que nos acompañe, oe, con mi perro Asco, en el próximo concierto de Flatulencia en Los Reyes Rojos. Puta’on, el tema es bien hardcore, choche, porque los últimos días he estado computando que el sistema alienado nos vende sexo como en el súper market, ¿manyas?, y hay que denunciar, puta’on, cómo el sistema alienado nos trata como mercancías, ¿manyas? La letra es ésta, pero puta, si eres cardíaco, detente aquí y no leas lo que sigue, compadre:

Puta’on, Escoria se había aprendido al toque la letra. El domingo, cuando llegó Beltroy, puta, yo me iba a quitar a la esquina pero para evitar chongos escondí a Escoria en el cajón de mi mesa de noche. Puta’on, me quité tranquilo y cuando regresé, oe, encontré a mi vieja dándole a Abel clara de huevo cruda para que buitree los diez Mejorales que se había tomado, puta, sólo porque Escoria se paró en medio de la mesa y cantó el tema, compadre. Puta’on, dice mi vieja que Beltroy se fue retrocediendo de la silla casi hasta caerse, se paró, dio un sermón que mejor lo leen en la columna de mi mellizo, y se quitó asadazo, mientras Escoria le gritaba “cabro, cabro, cabro”. Puta’on, pero lo más cagado de todo fue que con el chongo nadie se dio cuenta de que Asco se aventó encima de Escoria y se la papeó de un bocado. Puta’on, cuando yo llegué encontré a mi perro decorado con plumas verdes en el hocico. Puta, otro triunfo de la muerte sobre la vida en el sistema...


Ay, Señor Morado que estás en tu mes, lo que me ha ocurrido ya no tiene nombre, con decirle que quise renunciar a esta vida pero mi santa madrecita me lo impidió, dándome con sus sagradas manos la medicina exacta para devolverme a este valle de lágrimas. Todo por la culpa, obviamente, de ese desnaturalizado hermano mellizo que tengo. Por él mi idolatrado profesor de música se ha molestado, y no sé qué voy a tener que hacer para disculparme por lo que ocurrió ese aciago domingo. La historia viene de un día atrás. Fíjese que ese sábado yo, en la tardecita, decidí darme un baño, pero como la therma está malograda desde el año pasado, puse a calentar agua en ollas y llené una batea grande. Me senté dentro y sentía una sensación hollygudense, me acordaba de las fotos de las casas de los artistas que salen en Hola y todo eso. Ay, cuando de repente escucho una voz como de Bancomático que me dice “lávate el…, lávate el…” (estoy omitiendo unas groserías que mis principios me impiden poner). Casi me muero. Yo que le tengo espanto a la violación, pensé de inmediato que se había metido a la casa ese grupo de insolentes que para en la esquina, y que cada vez que yo paso me dicen incendios, como si yo fuera una mujer y de mala vida, fíjese usted. Bueno, dentro de la batea sentí que me paralizaba por completo y me faltaba el aire. Desesperado me enrollé una toalla en la cintura y salí corriendo. Ay, en la puerta me encuentro con una pájara horrible que me decía “Escoria la lora, Escoria la lora”, y detrás al desgraciado de Caín, matándose de la risa. Casi me muero de la impresión y me tuve que refugiar en el regazo de mi madrecita como durante dos horas. Desde ahí el Caín no hablaba con nada ni nadie, sólo con ese animal repugnante. Pero como yo tenía mis propios asuntos, me desconecté de la plebe y empecé, desde el día anterior, a preparar con mi santa madre el lonche para el distinguido profesor Beltroy, sin tener la menor idea de lo que iba a pasar, ay Señor. Bueno, con ella hicimos unas galletitas de harina sin huevo, a la manteca y cubiertas de azúcar. Con mis ahorros compré una bolsa de Pan Todos, dos bolsitas de té y cien gramos de mortadela. Todo quedó guardadito, fuera del alcance del salvaje de mi hermano, de su perro, de su lora, y también de ese hombre que es mi padre, que es un tragón irrespetuoso de los demás. Bueno, el domingo amanecí hecho un atado de nervios, ¿y qué cree que encuentro junto a mi cama?: al perro de mi mellizo (ese perro que cuando era mío se llamaba Pupé), arrinconando a la lora para devorarla, y ésta gritaba “¡Que vengan los bomberos…, que vengan los bomberos!”. Qué horror, señor, las cosas que uno tiene que aguantar. Bueno, a las tres de la tarde yo vibraba como una vela, hasta que a las cuatro en punto sonó el timbre (me equivoco, la puerta, porque el timbre no funciona hace años), y entró el distinguido profesor Beltroy oliendo a violetas imperiales. Tomó asiento y salió mi santa madre a saludarlo. Él preguntó por ese hombre que es mi padre, y yo le dije que, felizmente, se había ido al estadio. De ahí el profesor Beltroy empezó a hacer un elogio de los deportes y a contarnos cómo eran los griegos en sus olimpíadas, que hacían lucha libre calatos, qué vergüenza, ¿no? Mi madrecita lo escuchaba con los ojos enormes y una mano en el lugar del pecho que la Providencia le arrebató. Al rato ella invitó a pasar a la mesa, y justo cuando yo estaba a punto de recitar la copla que había compuesto para la ocasión, ocurrió el espantoso incidente de la lora. Pero aquí voy a dar a conocer la copla, que es celestial:

Bueno, se apareció la lora seguida del perro, se subió a la mesa, hizo el dos sobre la mortadela y empezó a cantar una cosa que es la grosería más horrible que han tenido que soportar mis oídos. El profesor Beltroy dijo que la mía era una casa que más parecía un lupanar, que él odia la vulgaridad porque no está a la altura de los ideales griegos y que se iba, arrepentido de haber salido al mundo de los mortales. Yo casi muero, y ahora sólo me queda el consuelo de mi madrecita cuyo pecho me alivia el corazón…

Fuente:
¡No!, suplemento humorístico del semanario Sí (Lima), Nº 36, págs. 6-7, Nº 37, pág. 4, oct. 26 y nov. 2 de 1987.

lunes, 31 de marzo de 2008

CAÍN Y ABEL [31] - por Rafo León

EL EMBARAZO
Puta’on la semana pasada he tenido una paltaza de la concha su madre, y para variar, el gansazo de mi mellizo me metió en un chongo mostro. Puta, yo estaba una tarde tiradazo en mi cama hueveando mostramente y pensando, oe, en que los metaleros van a mancar horrible el día que, puta’on, yo esté a la mitra de la guerrilla subterránea. Causa, en eso por la ventana entra un sobre con mi nombre. Puta, pensé, esta es una carta del sistema alienado que me quiere liquidar, y me dio, oe, una noica bruta, choche. Puta, abro el sobre y adentro, oe, había una nota de Pocha Caracha que decía: “Compadre, me has llenado, hace un mes que no me enfermo. Me quito para no joderte la vidú a un sitio donde nunca me encontrarás. Ojalá no te devore el sistema alienado. Tu hembra: Pocha Caracha”. Puta’on, al toque sentí unas culebrazas que me pasaban por la espalda y, causa, me empecé a imaginar a mi chibolo, oe, que si era macho le ponía Falo y si era hembrita le ponía Vulva, ya no ya, choche. Puta’on, en tercero de media y con hijo, la cagada, choche, Caín es lo máximo. Pero, puta, tenía que encontrar a Pocha Caracha al toque, y me quité, compadre, y como estaba hecho una yuca, puta, dejé el papelito encima de la cama. Compadre, en el camino a no sabía adónde, puta, improvisé un tema mostrazaso, que hasta hizo que, oe, se me saliera una lágrima, causa. Era esté:

Puta’on, al amanecer del día siguiente, choche, después de haber lateado por todos los barrios posibles, computé a Pocha en el jato de Sarna Podrida, la hembrita que vocaliza en Chancro Blando. Puta, me recibió tirando moco y más dura que pincho de novio. Oe, había estado quemando paiche de la frustración, choche, porque le había venido la menstruación y a la mierda con su sentido de la vida, puta, otra vez sola ella y otra vez, puta, solo yo. Compadre, chupé como nunca lo había hecho y volví a mi jato al día siguiente. Puta’on, me recibió mi vieja totalmente histérica y el huevón de Abel que parecía una tía. Mi viejo se había quitado donde su hembra a contarle sus penas. Puta, había pasado que me mellicito ampayó el papel de Pocha, y como no computaba ni mierda, fue donde el Caca que estaba esquineando y le preguntó qué decía. Puta, cuando se enteró fue a hacer roche al jato. Oe, parece que al toque mi vieja decidió que me casaría y Abel decidió mariconada y media y, puta, a nadie se le ocurrió preguntarme qué mierda pasaba por mi cerebro, por la cara de culo que tenía. Compadre, yo que no soy violento, oe, me asé tanto que, puta, le zampé a Abel un patadón en el culo que lo hizo buitrear, y a mi vieja le dije que, puta, se ocupara de los bacilones de mi viejo y que no me jodiera. Puta’on, me zampé en mi cuarto, tranqué la puerta con la cómoda y lo cagué a Abel, que tuvo que jatear en la sala. Puta’on, a los dos días la depre me pasó y oe, salí a joder al mundo con mi bajo y mi Flatulencia…


Señor, qué barbaridad, hasta ahora me duele mi atrás por culpa del desagradecido de mi hermano mellizo, que debe ser así porque no lactó de pecho materno y yo sí. Usted ya conoce demás esa historia, ¿no? Pero bueno, lo que ocurrió la semana pasada en mi hogar ha sido terrible, le digo, y ya le cuento. Hace unos días, el miércoles pasado, para ser exacto, yo me disponía a arreglar mi cama, cuando reparo en la de Caín y pienso, no, no es posible que mi hermano viva de esa manera. Decidí cambiarle la sábana y ponerle una rotita pero limpia que hay por ahí. Cuando estaba por hacerlo, muérase, veo un papel que, de entrada, me pareció comprometedor, ahí entre la frazada. No me pude contener y lo leí, pero para mi frustración, le diré que no comprendí nada, sólo saqué en claro que lo remitía la tal señorita Pocha Caracha. Más curiosidad me dio, y se me ocurrió buscar a un amigote de Caín, que tiene un nombre que traducido a mi fino lenguaje da Excremento Esperanza. Bueno, el jovencito se me corrió a un inicio y luego, cuando después de perseguirlo aceptó hablar conmigo, me dijo algo así como que si sus amigos lo veían conmigo se defecaban los subterráneos, ay, no entendí. Bueno, pero lo importante fue que me develó la nota y… ¡Santa Virgen de las Mercedes, decía en ella que mi hermano había embarazado a la señorita! Ah, no, de inmediato se me soltó la furia y también la vergüenza, ya que eso significaba que mi hermano había hecho cosas sucias con esa jovenzuela, y eso no lo puedo tolerar ni de pensamiento. Pensé pedirle asesoría al honorable profesor Beltroy para ver si la metíamos a la cárcel por embustera, algo así como a la Gabriela de "La Dama de Rosa" pero en versión de la mala, ¿ya? Pero, qué le digo, a eso le sucedió de inmediato la voz de la sangre y el tiazgo que significaba para mi el nacimiento de la criatura. Volé donde la santa madre que Dios me dio a darle la buena nueva, tan cerca de la navidad, vea usted. Ella al comienzo se asustó mucho, no lo podía creer. Se puso la mano sobre el pecho que no tiene, como cada vez que está angustiada, y soltó seis lágrimas, las conté todas. Yo la trataba de calmar, haciéndole ver que un hijo podría ser el remedio para que Caín vuelva por el buen camino, pero lo que la hizo cambiar a una actitud de regocijo fue cuando le empecé a hablar de los pañales, la babitas, las tetas, los ropones, los zapatitos tejidos y todo el ajuar, que lo podríamos haber empezado a hacer con la colaboración de las vecinas y las tías, que cuando se trata de los sentimientos, ay, que sí responden. Empezamos a discutir qué nombre se le podría poner. Ella opinaba que si era mujercita, podía llevar el de Eva, por ella y el de Shirley, para darle modernidad. Y que si era varoncito, se debía llamar Adán, por ese hombre que es mi padre, seguido de Wilbert, también por lo moderno. Yo, ay no sé, me inclinaba por Amapola para la niña y Narciso si era niño. En esas nos encontró ese hombre que es mi padre, al que le narramos todo, y él reaccionó sin sangre en la cara: se fue a beber y a qué se yo más. Bueno, seguimos haciendo planes con mi idolatrada progenitora, pero mi hermano no aparecía. Yo ya había decidido que iba a ser padrino de la criatura y, como tal, con derecho a criarlo si la conducta moral de sus padres lo ameritaba, como seguramente iba a ocurrir, sobre todo con una madre que se hace llamar Caracha. Mi progenitora se inclinaba por la boda inmediata, para que no se notara el embarazo. Lo que yo imaginé para la ceremonia no tiene nombre terrenal, señor, pertenece al mundo de la fantasía, el satén y el pastillaje. Pero, así es la vida, llegó el “futuro padre” y terminó con nuestros sueños. Ocurrió que la salvaje esa había tenido su período, como cualquier cochina mujer, y con él se iban nuestras ilusiones de tul y nansú. Pero lo más grave fue que cuando increpé a Caín, ya ni sé por qué, me dio un horrible golpe en mi atrás. Creo que, en el fondo, es mejor que no haya tenido ningún hijo, ¿no?...

Fuente:
¡No!, suplemento humorístico del semanario Sí (Lima), Nº 42, págs.46-47, dic. 7 de 1987.