martes, 1 de abril de 2008

CAÍN Y ABEL [20] - por Rafo León

EL DESALOJO
Puta’on, en mi jato se armó el hongo atómico, chochera, puta, por culpa del sistema alienado en la persona de, oe, la dueña del jato, que es una cocha horrible, compadre, con las patas chuecas, sin culo y una cara, puta’on, que parece el chino Pipilitonga de Risas y Salsa, chochera. Puta’on, estábamos con Flatulencia ensayando en mi cuarto el viernes por la tarde, oe. Puta’on, estaba mostrazo el ensayo con los temas de una nueva maqueta que vamos a grabar con Podredumbre. Puta’on, la maqueta va a rayar en La Nave de los Prófugos, oe. Puta, es como una ópera rock con la historia de un pata que nace en el desagüe, desde chibolo aprende a correr tabla encima de un mojón y es feliz. Puta’on, un día viene una collera de metaleros en un río de orines y le dan vuelta porque el pata era cholo, chochera. Puta’on, los patas del patita deciden vengarse y, puta, arman un grupo que se llama Tu Vieja También Esputa (abreviado como Tu Vieja), y se arma una guerra bacán pero sólo de música, oe, porque los lorchos no eran violentos. Pero, puta’on, igual, con las armas de la música ganan y expulsan, oe, a los metaleros y estos cabrones, puta’on, alienadazos por el sistema, forman un movimiento que se llama Libertad y deciden aniquilar a toda la indiada, pero no van a poder, puta, y no te cuento el último tema, que es la cagada, para que compres la maqueta, chochera. Puta’on, estábamos en el tema del Mojón Cariñoso y en eso oigo a mi vieja que pega un grito horrible, chochera, y al toque otro grito igualito de mi gemelo Abel. Puta’on, pensé que era la telenovela y seguimos tocando. Pero al ratito otra vez, mi vieja y me hermano gritaban, ay guardia no sea malito, vea que somos una familia decente. Puta’on, en eso veo que Abel entra al cuarto hecho una pichula, abre su cajón, saca su botella de agua de azahar y se zampa la mitad, mientras, puta’on, abajo seguían los gritos, mi viejo acababa de llegar y también gritaba así: "¡vieja concha de tu madre, no te vas a salir con la tuya!". Puta’on, al toque computé que nos estaban desalojando porque debemos dos años de alquiler, compadre. Oe, decidí que con Flatulencia podíamos hacer justicia, puta’on, igual que en nuestra ópera rock, puta, con las armas de la música, ¿manyas? Les dije a Flatulencia que íbamos a tener un concierto con nuestro tema más agresivo y bajamos. Puta’on, en la sala mi vieja estaba arrodillada en el suelo con Abel rezando, mientras mi viejo, oe, se estaba mechando con un tombo. Otros dos tombos ya habían sacado a la calle los sillones de la sala y, puta’on, empezaban con el comedor, y la dueña horrible no paraba de hablar huevadas, choche. Puta’on, toda la quinta estaba afuera y nos pareció un escenario mostro para este tema:

Puta’on, cuando íbamos por el bis 20, choche, la dueña del jato ya estaba desmayada y los tombos se nos venían encima para detenernos. Puta’on, pero no contábamos con que la loca Torreja, oe, la vecina rayada que es un pase de vueltas, se iba a escapar de su jato. Puta’on, venía con las ollas llenas de agua sucia para tirarle a los tombos y se armó la batalla campal, oe, Flatulencia y Torreja contra los tombos. Puta’on, armamos tal chongo que la vieja, oe, la dueña del jato se asustó porque los tombos le estaban cagando la fachada de la casa y ya habían tirado una puerta abajo, puta’on, y le dijo al juez que retiraba la demanda y el concierto siguió festejando el triunfo de la música de Flatulencia.


Ay, Señor de la Clemencia, Virgen del Perpetuo Socorro, la que nos ha tocado vivir, señor, a los Gonzáles Fernández, familia decente y distinguida de Santa Beatriz. Claro, la culpa es de ese hombre que es mi padre por incumplido, incapaz de pagar el alquiler durante dos años, gastándose la plata en mujeres y en bebida, mientras palpita de la pena el corazón de la santa madre que Dios me dio, ahí detrás del único seno que la Providencia le dejó (para desgracia de mi gemelo Caín). Bueno, señor, fíjese, el viernes pasado por la tardecita yo estaba con mi madrecita zurciendo medias, sobre todo las de Caín y las de ese hombre que es mi padre, porque mis pies de algodón no destruyen medias. Mientras laborábamos, con mi madrecita conversábamos de cosas tan divinas, oiga. Le hice contar a ella como cinco de veces el momento de su alumbramiento, cuando vio a Caín todo hinchado y sanguinolento y se echó a llorar, en cambio yo, limpito y rosado, ávido de lactar y capaz de hacer volver la sonrisa a los labios de la mujer más dulce del universo. En eso, el timbre. Salimos los dos juntitos a abrir la puerta, siempre preguntando antes quién es, ¿no? Bueno, preguntamos y una voz de hombrón contestó, ¡el juez!, y de inmediato, la voz inconfundible de la dueña de casa que se deshacía en un rosario de lisuras. A todo esto, el conjunto del asqueroso de mi hermano tocaba sus mugres encerrados en mi cuarto, la confusión era general. Mi madrecita me dijo que venían a botarnos del hogar, a poner nuestras cosas en la calle. Cerramos la puerta con doble llave y pusimos, con un esfuerzo enorme, el sofá de la sala para trancarla. Mientras tanto no parábamos de gritar, hasta que a mí me dio el ataque y tuve que ir a buscar mi agua de azahar porque sentía que la vida se me estaba escapando, qué horror. Cuando bajo me encuentro que ese hombre que es mi padre había llegado, pero ya los brutotes de la policía habían tumbado la puerta y sacaban a la calle nuestras pertenencias, qué injusticia, fíjese que toda la vecindad, que estaba arremolinada, se tuvo que enterar de que nuestro sofá no tiene patas traseras y lo sujetamos con ladrillos, la vergüenza máxima. Bueno, cuando vimos con mi madrecita que la batalla estaba perdida, señor, empezamos a usar el último recurso, el de la oración, y fíjese que dio resultados. En momentos así mi inspiración se suelta y soy capaz de componer cosas como ésta:

Así son los milagros, pues. No habíamos terminado la oración cuando el salvaje del Caín aparece con sus harapientos compañeros, convertidos en soldados de Cristo dispuestos a luchar por nuestra causa. Yo no lo podía creer, y cogí fuertemente de la mano a mi madrecita, en el máximo de la complicidad por haber conseguido el milagro del Perpetuo Socorro. Bueno, yo estaba dispuesto a ver el milagro pero no el horroroso espectáculo de violencia que se venía. Agarré y me fui corriendo a meterme bajo la cama, y qué cree que me ocurre, pues de tanto trajín se me salió la pichi y me sentí tan mal que fui a buscar a mi santa madrecita, justo al momento en que la demente de la casa del fondo de la quinta, esa que me da pánico, se aparece a apoyar a mi gemelo en la batalla. Yo estaba tan mal que empecé a comprender a la dueña de casa, pobre, ella qué culpa tiene, una mujer tan noble que reconoció su error y retrocedió, sin saber seguro que todo eso era obra de mis oraciones a la Virgen del Socorro…

Fuente:
¡No!, suplemento humorístico del semanario (Lima), Nº 31, págs. 6-7, set. 21 de 1987.

3 comentarios:

olival9 dijo...

oigan a ver si alguien se consigue los acpitulos de cain y abel , uno cuando se va a la feria del hogar , y otro cuando se van a un troca... vaya pues a ver quien nos ayuda!!!

Syd Misious dijo...

Ya vienen las historias que faltan. No desesperes.

Anónimo dijo...

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- Joe