martes, 1 de abril de 2008

CAÍN Y ABEL [27] - por Rafo León

LA SESIÓN DE ESPIRITISMO
Puta’on, ya no es sólo este sistema de mierda el que nos aliena sino, oe, el del otro mundo, choche. Puta’on, a mi vieja se le ha dado por la huevada del espiritismo y el otro día se armó un chongo de la gran puta porque se embroncaron en mi jato Syd Vicious y Beethoven, y , puta, por supuesto que la culpa, como siempre, me la echaron a mí. Puta’on, el sábado en la noche yo me estaba quitando a la esquina, y mi vieja no me dejó quitarme. Oe, dijo que ella es médium y que iba a hacer una sesión de espiritismo con toda la familia, oe, a ver si los espíritus le pasaban el yara de un tesoro escondido que, compadre, oe, dicen que hay en mi jato, ¿manyas? Puta, me asé porque esa noche, puta, con el Caca, con Chancro y la Pocha Caracha, nos íbamos a quitar a un tono pituco de Halloween a chongear, ¿manyas? Oe, íbamos a entrar disfrazados de lorchos, nosotros mismos éramos, ¿manyas?; puta, a chuparnos el trago de los alienados, a puntear hembritas y a que la Pocha vacile a los pitucos, puta, diciéndoles para quitarse a tirar y después mandarlos a cagar, ¿manyas? Puta’on, un bacilón con contenido social, ¿manyas? Puta’on, pero cuando mi vieja me pide sus huevadas, oe, se pone la mano en la teta que le quitaron y eso me conmueve, choche. Me quedé para la sesión, y vino mi viejo, que estaba chato; vino, puta, Abelito, que se había vestido de negro y parecía una vieja viuda; y vino una cocha de la quinta que es medio bruja, la tía Agata, puta, horrible, compadre, y sin darse cuenta se tira unos pedos mostros que a mí, puta, me hacen pensar en la podredumbre del sistema, ¿manyas? Puta, mi vieja se había conseguido una mesa redonda, nos hizo sentar a todos, apagó la luz y empezó, junto con la tía Agata, a llamar al espíritu del compadre que antes había vivido en mi jato y que según la cocha, había enterrado un huevo de joyas y billete antes de mancar. Puta’on, en eso se empieza a mover la mesa y a escuchar en la garganta de mi vieja una voz más de ultratumba que la de Queca Herrero, compadre, y Abelito se meó del susto. Puta, mi viejo se entusiasmó y empezó a llamar a una hembra que había sido su cepille en el barrio y que mancó cuando la atropelló un carro de los bomberos, y en un papel que había en la mesa se escribió solo, puta, lo siguiente: “Viejo sinvergüenza, ahora te montas a varias”; puta, y mi vieja se cagó en los espíritus y le zampó a mi viejo su cachetadón. Puta, Abelito estaba asustadazo, y la tía Agata le dijo, oe, que él llamara a un espíritu bueno para que se le pase, y el huevón llamó a Beethoven. Compadre, al toque se empezó a escuchar una sinfonía y una voz que dijo que le hablaran fuerte porque era sordo. Puta’on, a esas alturas el chongo estaba mostro entre el del tesoro, la hembra de los bomberos y Ludwig van. Yo no me iba a quedar, choche, y le pasé el yara a Syd Vicious, que se demoró porque se estaba picando, metiéndose tiros, tirando pepas y jodiendo a San Pedro, porque Vicious está en el cielo, compadre, ese ha sido su castigo, ¿manyas? Puta, en eso se apareció bajo la forma, puta, de una nube de humo negro y, puta, su voz inconfundible me dijo, “oe compadre, vamos a cagar el sistema, mandémonos con una improvisación”. Puta’on, al toque empezamos Vicious y yo a joder a todo el mundo con este tema:

Puta, el viejo del tesoro se asó y se quitó; la hembra de los bomberos también, y Beethoven le dijo en alemán cabrón de mierda a Syd Vicious. Mi vieja me votó a patadas de la sesión y terminé la noche abrazado a Asco, cantándole a Syd Vicious la última maqueta de Flatulencia sobre la masacre de los penales…


Ay, señor qué le diré, hasta ahora me despierto empapado de sudor y rogándole a mi santa madre que me libere del horror que he tenido que vivir yo, un joven tan exquisito y sensible. Con decirle que anoche he vuelto a soñar que ese ser repugnante que mi hermano llamó en la sesión de espiritismo, venía a violarme con un montón de rockeros sacados del infierno, qué me dice. Bueno, le voy a contar. Resulta que la señora Agata, esa maestra jubilada que vive sola en el fondo de la quinta, le dijo a mi santa madre que el anterior inquilino de nuestra residencia había dejado un tapadito enterrado para que sus hijos no se lo quitaran. Doña Agata proponía hacer una sesión de espiritismo y llamar al señor. Según ella, mi santa madre tiene grandes cualidades de médium, y yo pienso que mi madrecita tiene grandes cualidades para todo en esta vida, y no sé qué hace casada con ese hombre que es mi padre, cuando podríamos estar los dos solitos en un departamentito en Miraflores, algo más digno para los únicos habitantes decentes de nuestro hogar. Bueno, protestas aparte voy a seguir. Resulta que ella aceptó y decidió reunirnos a todos para, a través de ese recurso, volvernos ricos y ya no estar asustados de que nos corten la luz o de que tengamos que comer pan con camote frito de la segunda mitad del mes para adelante. Le confieso que yo me moría de miedo, aunque la cosa tenía su encanto. Para hacer ambiente me vestí todo de negro, con la ropa que mandó mi madrecita teñirme para el duelo de mi querida y adorada abuelita. Me sentía algo así como Lili Munster, de lo más misterioso. Por supuesto que ese hombre que es mi padre intentó malograr el pastel, embriagándose y diciendo que ésas… no eran de hombre sino de viejas… y que él sólo participaba para… la vida. Usted me entiende por qué omito palabrotas. Bueno, empezó todo. El ambiente era de lo más lúgubre, la luz apagada y un olor como a muerto, aunque después descubrí que eran las ventosidades de doña Agata, que estaba sentada a mi lado. Empezaron a llamar al anterior inquilino, y en eso, ay Santa Rita de Casia, mi santa madre empezó a hablar con una voz aguardientosa atroz, y justo cuando iba a decir dónde estaba el entierro, se mete una mujerona que había sido la cochina querida de ese hombre que es mi padre. Ay Dios, en ese momento yo estaba tan aterrado que se me soltó el esfínter de la pichi y juá, se me salió. En eso doña Agata me dijo que para mi tranquilidad llamara a un espíritu amigo. Me acordé de mis clases de piano con el honorable profesor Beltroy y llamé a Beethoven. Pero, le digo, cuando estaba por venir el gran músico, me di cuenta de un detalle de lo más desagradable, porque yo estoy en todas. Resulta que la mujerona que había llamado ese hombre que es mi padre parece que se había entusiasmado y, ay, se bajó sola la bragueta de ese hombre que es mi padre, y en un santiamén quedó afuera su cosa. Yo no dije nada de la pura consternación pero me dio un desmayo momentáneo, y para contrarrestar ese horrible episodio le compuse a Beethoven una linda poesía para que él la musicalice. Allí va:

Ay, resulta que el tal Beethoven es un presumido y antipático de lo peor, porque después de que dije mi poesía, se escuchó su vozarrón que dijo: “Qué pena que no fui más sordo, para evitarme escuchar tanta estupidez”. Me sentí horrores y volví a hacerme la pila. Pero lo que me tenía más aterrado era el fantasma de ese Syd Vicious que había llamado el salvaje del Caín. Le digo que era tan desgraciado que a mí, que le tengo pavor a la violación, el espíritu me tocaba mi potito y cuando yo quería gritar, me tapaba la boca. Qué me dice, las cosas que tengo que vivir yo, como si no tuviera suficiente con los pesares de este mundo…

Fuente:

¡No!, suplemento humorístico del semanario (Lima), Nº 38, págs. 6-7, nov. 9 de 1987.