martes, 1 de abril de 2008

CAÍN Y ABEL [23] - por Rafo León

MARCHA CONTRA LAS DROGAS

Puta’on, el sistema alienado me sigue haciendo cagadas, chochera. Oe, el sábado pasado mi vieja y otras cochas de la parroquia, puta, organizaron una huevada contra la droga, oe, una campaña, ¿manyas?, y nos pidieron a Flatulencia que nos presentáramos, cuñau. Puta’on, al toque dije no porque Flatulencia no toca para la gansería, ¿manyas? Puta’on, se armó el chongazo, mi vieja agarró con el Abel mis cosas y puta’on, las pusieron en la calle, choche, al lado de la basura y justo, oe, las agarré antes de que se las llevara el mionca, cuñau. Puta, cuando fui a hablar con mi vieja, Abel no me dejaba entrar a su cuarto, y para no hacerle fuerza yo, porque a mi hermano lo desarmo con un dedo, puta, no me quedó otra que mandarle a Asco para que le muerda la pierna y se armó el recontrachongo. Puta’on, mi vieja me dijo que yo era un degenerado, oe, seguro un adicto porque no quería participar y un culo de huevadas. Después me dijo que pronto se iba a morir y que su último deseo era computarme en la campaña. Puta’on, cuando dijo eso el Abelito casi se suicida, choche y no me quedó otra que atorar, cuñau. Puta, la huevada consistía en marchar por las calles de Santa Beatriz con el cura Joaquín, las cochas y un huevo de gansos y chiquillos con papeles y banderolas. Puta’on, y Flatu debía ir atrás, cuñau, con temas contra el pastel, la marimba, los tiros… ¡y contra el trago, chochera! Después la huevada mancaba en la Concha Acústica del Campo de Marte donde se iban a dar unas charlas y se presentaban grupos de canto de la parroquia, mi hermanito, bailes folclóricos, y Flatu, chochera. Puta’on, fue la cagada cuñau. Puta, cuando empezó la marcha por General Córdova, oe, estábamos asadazos y no decíamos ni mierda. Sólo se oía a la gansería gritando “¡abre las puertas a la vida, ciérraselas a la droga!” y huevadas así, cuñau, gente que nunca ha computado un troncho ni lo va a computar jamás, haciendo campaña, chochera. Puta’on, el cura Joaquín daba sermones sobre que la droga era un invento del diablo, ¿manyas? Puta’on, las cosas empezaron a cambiar cuando Pocha Caracha pasó la primera chata de ron y ya estábamos por la Salaverry. Oe, empezó el Caca Verde, siguió Sífilis Paredes, después la Pocha Caracha y al final yo mismo era, Caín Gonzáles. Puta, la improvisación era mostraza, cuñau:

Puta’on, cuando el cura Joaquín computó la letra que estábamos improvisando, al toque empezó a aligerar al paso con el grupo de las cochas y los gansos y a cambiar de calles para que nos cansásemos y dejemos la marcha, choche, pero Flatu por joder la seguía donde iba. El cura empezó a cantar fuertazo, con toda su collera, para que no se escuche nuestra voz. Cantaban "María tú eres mi madre, María tú eres mi amor", y Flatu cantaba más recio todavía y la gente en la calle, cuñau, empezaba a alucinar, hasta que el cura mandó a mi vieja a que nos pida que nos quitásemos y vino ella y me dijo que su último deseo era que los dejásemos en paz con su campaña. Puta’on, quién computa al sistema alienado…


Ay, fíjese señor la de cosas que me depara la vida. La semana pasada estuve en el comité organizador de una campaña contra las drogas, en el distinguido distrito de Santa Beatriz. El comité lo conformaba lo más graneado de la vecindad, señoras de lo más encopetadas, juventudes con futuro y amor a la familia y a la patria; y a la cabeza de todo, el ilustre padre Joaquín, que si no fuera porque no se baña y huele un poco mal, le juro que ya sería Papa. Yo tenía a mi cargo la Comisión Artístico-Cultural, con mi santa madrecita que Dios me otorgó, por supuesto. Nuestra responsabilidad era encontrar individuos o grupos que expresaran su arte durante la marcha, y luego se desplegaran con las alas de la creación en la velada, en la Acústica (yo no digo lisuras) del Campo de Marte. De inmediato pensé que ese hombre que es mi padre podía sumarse, ¿no ve que él tiene su grupo de borrachos con los que se jaranea en una peña de los Barrios Altos? Pensé que podían aceptar tocar unas versiones de cánticos como "Venid" y "Vamos todos", en adaptación a valse, que yo mismo podía hacer al piano. Bueno, el salvaje de ese hombre me mandó a un lugar que no puedo escribir aquí. Y yo me empecé a angustiar porque no conseguía nada para la marcha, así que me puse yo en primer término con una canción que después van a ver, después el grupo de huaynitos del colegio 7230, el coro de las Señoras Carismáticas, el grupo de teatro "La Sangre de Nuestro Señor", y se me ocurrió una idea bella, que también estuviera con nosotros el grupo de mi mellizo (grupo cuyo nombre me niego a decir) de paso que los reclutábamos para el buen camino. Además, eso era de todas formas una foto en la primera página de El Comercio. Pero como conozco a Caín, le pedí a mi madrecita que fuera ella la encargada de solicitárselo. Santo Dios, para que tiene uno ideas brillantes, con decirle que de puro colaborador con la comunidad, terminé mordido por el Asco ese en la pantorrilla, qué me dice señor. Bueno, al final mi madrecita recurrió a otros argumentos que sólo ella sabe usar, y yo también tuve que hablar de mi próximo suicidio para que Caín aceptara. Le juro que en mi vida me había rebajado tanto ante nadie, pero todo era por la sagrada cruzada de la parroquia contra esa lacra social que es la droga, por la familia feliz, por la libertad, por la propiedad privada y por la Santa Religión, qué bárbaro, ¿no? Bueno, le cuento que la campaña salió bella hasta el momento en que llegamos a la avenida Salaverry, pero antes le cuento que yo me había puesto mis mejores galas. Estaba con mi pantalón marrón, mi camisa celeste y mis zapatos de colegio lustraditos, me sentía un príncipe de Hola. Bueno, paréntesis aparte, cuando estábamos por el Ministerio de Trabajo y ya la gente nos miraba un montón, algo pasó que hizo que el padre Joaquín volteara donde mi santa madre y le dijera totalmente fuera de sí: “Es que el cabrón de tu golfo ya nos jodió todo”, y después nos ordenó que cantáramos a viva voz lo que fuera. En ese momento me di cuenta del enorme error que yo había cometido, porque el grupo del salvaje de mi hermano ya estaba haciendo de las suyas. Tuve entonces que adelantar mi canción guardada para el Campo de Marte, y solté mis trinos con esta maravillosa letra que yo había compuesto:

En fin, no hubo foto en El Comercio, la gente en la calle se rió de nosotros, pero siento que mi corazón y el de todos los que marchamos está cada vez más fuerte contra la tentación de las drogas. En cambio mi hermano…

Fuente:
¡No!
, suplemento humorístico del semanario (Lima), Nº 34, págs. 6-7, oct. 12 de 1987.